¿Y si educamos en emociones y creatividad? #36

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“Tenemos que transformarnos en personas curiosas, con deseo de aprender de todo lo que nos rodea”. César Bona.

Esta semana #36 me asomo al tema de la educación emocional y la creatividad con grandes resultados.  Para ello he leído “La Nueva Educación” de César Bona. ¿Y si empezáramos a fomentar nuestro desarrollo personal desde que somos niños? ¿Y si prestáramos atención a las emociones para poder averiguar qué les gusta a nuestros hijos y conseguir que aprendan divirtiéndose? ¿Es posible ser creativo y educar a la vez?
El maestro César Bona lo cuenta en su libro. Nominado como uno de los 50 mejores maestros del mundo al Global Teacher Prize, ha sido el único español en conseguirlo. Para ser nominado, tiene que ser innovador, debe estar comprometido con su entorno e inspirar a los alumnos y a la comunidad ¡Casi nada!

“En las escuelas nos empeñamos en enseñarles en lugar de invitarles a aprender”.

Cuenta César en el libro que la maestra india Kiran (quedó entre las 10 primeras) había conseguido parar el tráfico de las calles de Nueva Delhi para que los niños se sentaran en mitad de las calzadas y darles voz. ¿Te imaginas ese momento? ¡Qué determinación para lograr semejante reto!
¿Qué dirías como madre, padre, maestro o profesora si tus hijos/alumnos se leyeran 40 libros al año? La maestra estadounidense Nancie Atwell ganadora del Global Teacher Prize lo hizo posible. ¿Una utopía en nuestro país o un ejemplo a seguir?
Lo interesante de esta propuesta creativa es que hay personas que a pesar del entorno automático y rutinario que les rodea son capaces de hacer cosas extraordinarias para que los niños aprendan además de las materias básicas, a ilusionarse y a desenvolverse bien en la vida. “Emplear tiempo para hablar sobre respeto, empatía, sensibilidad, tolerancia…no está reñido con los buenos resultados”.

Una de las frases que más me han impactado positivamente del libro es “Se educa en cooperación y no en competitividad”. “No hay que educarles basándonos en la competitividad. Hay que educarles para que sean mejores de lo que eran antes”. Quizás todos los que somos padres, madres, maestros, profesoras, tendríamos que analizar qué estamos haciendo con nuestros hijos cuando lo único que se plantean es sólo ganar. El éxito se mide por los resultados, pero cuando lo único que importa es el resultado ¿dónde dejamos la satisfacción de hacer algo que nos apasiona y nos realiza como personas? ¿Importa o no importa disfrutar del momento, aunque después el resultado no acompañe?

Me encanta la propuesta de César de hablar en público. Él pregunta ¿Por qué un don tan importante como es el don de la comunicación (oral sobre todo) sigue sin estimularse en las escuelas? ¡Que se suban los niños al pupitre y lo ensucien con las zapatillas del 36! Superar la timidez (fui un niño muy tímido) es imprescindible para para poder relacionarte con las personas. Pero no solo los niños, ¿Cuántos de nosotros se atrevería a hablar en público? Tampoco es necesario que todos lo hagamos,  pero sí que creo que tenemos que aprender a expresar nuestras emociones, a compartir nuestros pensamientos y a saber defender nuestros argumentos. “Escoge bien tus palabras” era uno de los cuatro acuerdos del doctor Miguel Ruiz.

Conectar con la gente es básico para lograr nuestras metas, pero también para aprender a ser seres sociales y empáticos ¡Fuera la vergüenza, bienvenida la valentía de mostrarse a los demás! ¿Quién dijo miedo? da un primer paso, después otro y luego otro…cuando mires hacia atrás verás cuánto camino has hecho.

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Otra de las cuestiones que me parecen elogiables del libro es el hecho de utilizar el juego para que los niños aprendan. ”No olvidemos que los niños son niños y que el juego es la forma más eficaz de aprendizaje”. Cuando nos los pasamos bien, las emociones positivas como la alegría, la diversión, la inspiración o el interés hacen que recordemos con más facilidad aquello que estamos aprendiendo. Las personas se acuerdan de cómo les hicieron sentir. Aquí César Bona ha sido un “maestro de la creatividad”. Desde crear en su clase cinco continentes imaginarios, un organigrama donde tiene cabida “la encargada de la lista blanca de los altruistas” o “el cabecilla de los sublevados”, hasta hacer una película de cine mudo con la implicación de todos los alumnos y el pueblo entero o aprender a tocar el cajón con alumnos de un colegio de desempeño difícil, son ejemplos de una creatividad fantástica que da muy buenos resultados. ¿Por qué cuando crecemos hemos de dejar de jugar? Ser adulto es sinónimo de responsabilidad, pero también de tener ilusión y pasión por lo que haces. Como dice el maestro César, a nosotros si no nos gusta nuestro trabajo podemos elegir cambiarlo, pero los niños no tienen esa opción en el colegio.

¿Te gusta la propuesta de educación de César Bona o prefieres la tradicional?

Espero tus comentarios.

Gracias.
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Miguel Ángel García
@alienaragorn

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