¿Tu empresa es el “Jardín de Le Den”?

 

Business photo

¿Tu empresa es el “Jardín de Le Den”?

No, no me he confundido con el maravilloso “Jardín del Edén”, ni con una zona geográfica, ni con el paraíso. Tampoco con su traducción en hebreo donde significa “placer”. Me estoy refiriendo a un tipo de clima que se vive, se respira y se palpa cada día en algunas organizaciones, desde una pequeña Pyme hasta la mayor multinacional con miles de colaboradores trabajando.

Sé que estoy sacando los pies del tiesto, echando sal a las heridas, estoy mojándome con vinagre los ojos (aunque no sí me entrará algo pues mi mujer me dice que tengo estos ojillos porque no me gusta ir a comprar :)). También te adelanto que este post va a ser un poco más largo de lo habitual, pues tiene 1.547 palabras.

Leyendo el magnífico ebook de Juan Pedro SánchezConsejos para un liderazgo saludable en la nueva era empresarial” (le he cogido prestado esa definición tan peculiar para el título de este post) me encontré con un capítulo-post que se titulaba “Rompiendo mitos: Liderazgo emocional o buenrollismo” en el que hablaba de que gestionar a las personas no puede basarse en “En el mundo de Yupi” o si no recordáis esa serie, en “Un mundo feliz” donde prima el compadreo y nos encontramos con un jardín peculiar: “El jardín de Le Den” donde en algunas empresas siempre hay personas que piensan en su beneficio propio, en dimes y diretes y que no hacen más que ir a la suya, enmarañar las relaciones, crear un clima laboral denso y perjudicar el buen funcionamiento de la empresa. Donde hay ausencia de responsabilidad si no se alcanzan los resultados. Donde “El jardín de Le Den” es aquél en el que ya se apañarán los demás siempre y cuando no me afecte a mí. Y donde estas personas, no alcanzan a ver a medio y largo plazo el proyecto futuro y el desarrollo de la organización.

Ya sabemos que si sólo nos mueven intereses económicos, sin una visión, sin valores en lo que fundamentar una estrategia definida y sin unos motivos claros, el maquillaje se va en cuanto se pone a llover. No aguantaremos ni un asalto al primer obstáculo serio que nos encontremos. Da igual las funciones que desempeñes, hay problemas a todos los niveles que hay que afrontar y resolver. Y no se resuelven si no hay voluntad de hacerlo.

¿Y qué se consigue con la actitud del “Jardín de Le den”? Pues a simple vista, desmantelar la imagen y la confianza de una empresa, lo que desmonta todos los argumentos que se han ido creando para generar un negocio. Se difumina todo el esfuerzo y el tiempo, toda la dedicación e implicación de muchas personas. Además de perder rápidamente su competitividad en el mercado y por supuesto, productividad, rentabilidad y beneficios.

Consecuencias: tener un motivo más para despedir personas. Desaparición a corto o medio plazo de la empresa.

Resultados: Menos personas, más carga de trabajo para el resto de colaboradores (puede, sólo puede que ya soportaran excesivo trabajo).

Desaparece (si es que la había) la motivación, la implicación, la proactividad, la creatividad, la innovación y se esconde o huye el talento (aunque esto sólo lo hacen los elegidos :)).

Conclusión: los colaboradores consideran que lo que hacen es “un trabajo alimenticio” cubriendo el expediente. La organización no aporta el valor añadido y diferencial que generan unos empleados motivados, creativos, con la mejor actitud para desarrollarse personal y profesionalmente. Los clientes lo perciben inmediatamente porque el producto o el servicio no es lo extraordinariamente bueno como para comprarlo sin una atención personalizada, profesional, amable y empática. Y deciden irse a la competencia. Toda una vida para fidelizar a un cliente y tan sólo unos instantes para perderlo.

20150522_141214

¿Va cada uno a su aire? ¿Los procedimientos son claros y fáciles de aplicar o por el contrario son ambiguos y engorrosos lo que dificulta su correcta aplicación? ¿Están bien definidas las funciones de cada colaborador, son precisas y responden a cualquier problema que pueda surgir para resolverlo?

Si hay diferentes departamentos, ¿es un Reino de Taifas donde lo único que les importa es su “Reino”, sus objetivos y sus incentivos si los tuvieran, sin tener en cuenta la globalidad, la cooperación y colaboración que beneficia a la organización?

¿Crees que vas a trabajar y te encuentras cada día con ese “Jardín de Le Den” donde hay personas tóxicas, que no sólo no suman sino que además restan todos y cada uno de los días? ¿Te contagian esa toxicidad y te queman? ¿Eres capaz de evitarlas? ¿Te preguntas por qué te levantas cada mañana para acudir a la jungla que llamas empleo, donde cada uno va a la suya y te conviertes en persona automática carente casi de emociones que no quieres ser? ¿Te compensa esa labor profesional?

¿Piensas que vas a estar siempre en ese “Jardín de Le Den”? ¿Crees que no hay otra salida? ¿Adoptas una actitud pasiva y conformista? Porque no nos quitemos las pulgas, habrá organizaciones que gestionen personas que dejen mucho que desear en cuanto a su liderazgo y gestión interna, pero la responsabilidad de actuar es nuestra. La responsabilidad de hacer es nuestra. La responsabilidad de cambiar las cosas es nuestra.

Después de este asedio de preguntas, hay algunas respuestas que sólo tú puedes responder. No obstante, la mayoría de las personas tenemos “un trabajo alimenticio” que necesitamos para pagar las facturas y en un menor porcentaje (no sabría definirte cuál) trabaja en lo que le gusta.

Así que mirando el lado positivo, ¡tienes un empleo y pagas facturas! Y también, siendo realista, entusiasta y optimista, siempre podemos mejorar, sólo hay que tener la firme voluntad de hacerlo.

“Más que apasionarnos con nuestra profesión, deberíamos profesionalizar nuestra pasión”. Arturo Pérez Reverte.

La apuesta de Zappos es sobresaliente y arriesgada. Con una gestión disruptiva y diferente, nada fácil de imitar que tiene una “arquitectura organizativa conocida como Holacracia que reemplaza a la tradicional cadena estratificada de mando y control, por círculos de colaboradores que se superponen entre sí, en función del trabajo a realizar. Bajo esta arquitectura que promueve el trabajo en equipo bajo criterios de extrema transparencia y de liderazgo distribuido a su máxima expresión, los cargos tradicionalmente vinculados a una estructura organizativa jerárquica, son ahora reemplazadas por la influencia que un colaborador talentoso puede ejercer en uno o más círculos donde este participe agregando valor en aquello que mejor sabe hacer”.

http://talentoenexpansion.com/2014/02/05/practicas-inusuales-de-gestion-de-personas-para-crear-culturas-de-innovacion/

Lo entiendo, no es fácil de implantar…

telescope-view-binoculars-viewpoint-medium

“El trabajo no es sagrado, sólo es un recurso para tener la vida que deseas. El trabajo es un recurso para alcanzar nuestros objetivos, por eso  hay que hacerlo lo mejor posible. El trabajo no es tu vida, es lo que haces para vivir”. Andrés Pérez Ortega.

Siempre habrá empresas con una imagen externa de “buen rollo”, de transmitir a sus clientes potenciales “la frescura y perfección de lo que ofrecemos”, para eso generan marca, para que les perciban de esa manera y para que las recuerdes y las tengas en tu mente.

También ocurre que estas empresas “ejemplares” para much@s que cuando por casualidad miras debajo de la alfombra (siempre hay que indagar)  te encuentras al legendario Gigalmesh buscando la inmortalidad y un olor nauseabundo de los proyectos rotos, de las ilusiones desvanecidas, del dolor del sinsentido que han provocado a las personas. Algunos lo llaman daños colaterales, malas prácticas. Yo lo llamo falta de ética y de valores. Pero no de las empresas que son un “ente” sino de las personas que las dirigen. Aquí habría que distinguir entre los beneficios que son necesarios (para eso se crea una empresa, además de para hacer un mundo mejor) y los valores que son imprescindibles para hacer de ella un sitio atractivo para trabajar y del que sentirse orgullos@.

Una de las soluciones que me gusta, la propone Juan Pedro Sánchez:  la mejor estrategia “es desarrollar la inteligencia emocional del equipo directivo para que sea capaz de percibir, expresar, usar, comprender y regular eficazmente las emociones, sentimientos y estados de ánimo individuales y colectivos que se dan a diario en todas las empresas”. La importancia de la comunicación.

Así que propongo cambiar el “Jardín de Le Den” por esa cultura de aportar, colaborar, sumar, compartir, proponer, crear e innovar todos a una como “Fuenteovejuna”. Dejar al lado los “Egoísmos”, “Yoísmos” y “Mimismos” para hacer crecer la empresa en la que trabajamos. Hay que arrimar el hombro. Y no como en “El mundo de Yupi” sino con responsabilidad, profesionalidad e implicación. ¡Ah, eso sí, dando lo mejor de nosotr@s! No vale excusas. Propongo “formar” las habilidades en inteligencia emocional de todas las personas independientemente de que gestionen equipos de personas o no para poder comunicar, entender, escuchar, aprender e interpretar esas emociones y sentimientos que tanta información nos dan para valorar y tomar las mejores decisiones que beneficien al proyecto empresarial (mejor gestión interna mayor percepción positiva de los clientes internos y externos)  y al conjunto de personas que integran la organización.

Este es tu momento.

¡Hoy es un gran día! Gracias por leerme.

 

 

 

Photos by Kurrs,

Un comentario sobre “¿Tu empresa es el “Jardín de Le Den”?

  • el mayo 24, 2015 a las 4:27 pm
    Permalink

    Dejar de estar en el jardín “de le den” e involucrarse más en nuestros propios deseos y trabajar para conseguirlos

El blog de Miguel Ángel García

  • Crecimiento personal
  • Libros
  • Entrevistas

¡Gracias por subscribirte!

A %d blogueros les gusta esto: