¿Quién es Hans Ásperger?


Para la gran mayoría de la gente, es un perfecto desconocido. Para un grupo de psicólogos y psiquiatras fue el impulsor de la “Psicopatía Autista” que mucho tiempo después se llamaría el “Síndrome de Ásperger”.

Este médico austríaco especializado en pediatría y psiquiatría, allá por el año 1944 publicó un artículo basado en sus trabajos clínicos e investigaciones en una clínica pediátrica y psiquiátrica donde acudían centenares de familias porque sus hijos presentaban problemas de conducta. La preocupación principal de esa clínica era el diagnóstico clínico y la posterior intervención educativa. A Hans Ásperger le inquietaba la forma en que se relacionaba la psiquiatría y la educación y el modo en el que se debían o conseguían dar respuestas individualizadas a necesidades individuales.

Según él, “Los seres humanos excepcionales deben recibir tratamientos excepcionales, tratamientos que tengan en cuenta sus dificultades especiales”

Para definir este nuevo trastorno, el médico austríaco eligió la etiqueta de 
“Autismo” porque “comprendía la esencia de las dificultades permanentes de aquellos jóvenes en los que las alteraciones sociales eran tan profundas que eclipsaban todo lo demás…el afecto, el intelecto y la acción.

Esas dificultades sociales eran la base de su diagnóstico, pero había otras singularidades y síntomas conductuales:

-Sus movimientos son extraños e inadecuados con poca conciencia del propio cuerpo.
-Peculiar contacto ocular, principalmente cuando están conversando con otros.
-Los intereses de las personas con autismo son con frecuencia variados y originales.
-Su lenguaje no parece natural.
-La personalidad autista permanece en el tiempo, pero la esencia de las dificultades sociales persiste inalterable.
-Algunos de estos niños aprenden a leer particularmente rápido.

Hans Ásperger apreció aspectos muy positivos en las conductas, como madurez inusual para jóvenes de su edad o el aprendizaje ágil de la lectura.
Este hecho fue muy importante para asociar la etiqueta a chicos de mejor nivel intelectual que ha permanecido hasta nuestros días.

Posteriormente muchos investigadores se han basado en el trabajo de Ásperger, añadiendo nuevas observaciones. Pero aunque coincidían en muchos aspectos no se han establecido criterios diagnósticos inequívocos y operativos. Y es que el Síndrome de Ásperger no tiene síntomas clínicos exclusivos lo que provoca una gran ambigüedad entre este diagnóstico y otros donde haya también trastornos con dificultades sociales y comunicativas.

Este hecho provoca que los familiares de afectados de este síndrome dependan del criterio del evaluador que en algunos casos lo incluirá como Ásperger y en otros como Autismo de buen funcionamiento intelectual.

En 1992 se incluyó la definición de Síndrome de Ásperger en la Clasificación Internacional de los Trastornos de la Organización Mundial de la Salud.

Fuente consultada: “El Síndrome de Ásperger. Evaluación y tratamiento”.


















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