No eres una tuerca ni un repuesto: eres una persona.

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No eres una tuerca ni un repuesto: Eres una persona. Sí, somos personas, con pensamientos, emociones, ilusiones, proyectos y retos ¿Y qué más? Desencantos, fracasos, desilusiones y palos que te da la vida, uno detrás de otro. No, no somos ni tuercas ni repuestos, ni no nos parecemos al entrañable WALL-E aunque algunos directivos o jefes carezcan de ceguera universal en la gestión de equipos desde esa perspectiva que da el título jerárquico que te otorga una empresa.

Esta falta de sensibilidad de algunas organizaciones donde las personas que desarrollan su labor profesional, acaban por no tener nombre y ocupan el espacio donde los números son lo único que importa, acaban pagando las consecuencias: falta de implicación, desmotivación y poca valoración de su trabajo. Esto es igual a pérdida de competitividad y nos lleva a unos resultados económicos inferiores a los presupuestados.

A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que no es nada fácil llevarte ni a la chica que te gusta, ni al chico que te gusta, ni el puesto de trabajo que te gusta, ni el premio que te gusta. Sin embargo, ocurre que envidiamos o criticamos a nuestros compañeros o jefes por el simple hecho de querer ocupar su puesto, por el motivo que sea: es más sencillo de realizar, tiene menos problemas, pagan más (pero conlleva más responsabilidad), etc. La mayoría de veces pensamos que nos merecemos más, que el mundo es injusto, pero igualmente nos seguimos esforzando lo mismo y nos conformamos. Es dífícil obtener buenos resultados si no te esfuerzas más de lo habitual, si no estás dispuesto a pagar el precio necesario para conseguir lo que te propones. A eso se le llama comodidad, que lleguen los resultados pero sin poner el tiempo y la dedicación que se espera de alguien que quiere lograr más, que quiere conseguir sus objetivos. Así es complicado. El resultado es que no avanzamos, no evolucionamos. Queremos más haciendo lo mismo. Tenemos que tener claro qué queremos ser.

Como personas que somos aceptamos esos palos, esas desilusiones y esos fracasos como una buena manera de mejorar y de avanzar por el camino que hemos elegido, el de ser proactivos o reactivos.

Podemos tener iniciativa, generar ideas, proponer cambios a la organización que aumenten la eficacia los procedimientos, procurar generar buen rollo entre los compañeros, interesarnos sinceramente por los demás, ser más sencillos y directos a la hora de comunicarnos para hacernos entender y que no haya especulaciones debidas a la falta de claridad en nuestras informaciones.

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También está la opción de dejarse llevar, de ir a cumplir con lo justito, del esfuerzo mínimo, de no destacar por si acabas un trabajo y te dan otro rápidamente. Ser del montón, del pelotón donde nadie destaca. Puedes arrastrar los pies, bostezar y criticar. Puedes crear mala sangre a los que te rodean. De ambientes tóxicos seguro que todos conocemos ejemplos. Puedes ser una de esas personas autómatas que no aportan valor a sus empresas porque consideran que les pagan poco (pero no hacen nada por cambiar esa situación). A eso le llamo yo “ser corto de miras”.

Igualmente, si eres proactivo o reactivo, habrá demasiadas personas en nuestra empresa que nos seguirán viendo como tuercas o repuestos para su objetivo final: conseguir unos resultados a costa de la pérdida de los valores esenciales de las personas.

“Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada a su sombra”. Antonio Gala.

“Las empresas están compuestas de personas, no de recursos”. Esta frase aplastante y obvia de Andrés Pérez Ortega en “Expertología” es el punto de inflexión para un gran debate, el de qué valor le damos a las personas en las empresas. Nos dirán con palabras que las personas son el pilar fundamental de cualquier organización pero los hechos nos demostrarán en muchos casos que no es así.

Puedes innovar y crear, mejorar y aportar o en su caso dejarte llevar por la corriente del riachuelo de la mediocridad, de no proponer, de no hacer.

“En demasiadas ocasiones acabamos siendo la persona que deberíamos ser en lugar de la persona que realmente somos. Pero no has nacido para ser una pieza más del sistema. Te han educado para que seas esa pieza”. Nos recuerda Andrés Pérez. Y continúa:

“Son las personas las que se comunican, las que se relacionan y las que transmiten la cultura y los valores de las compañías. Por eso, en lugar de reducir a los profesionales a un job description, deberían encontrar la forma de convertirlos en la mejor herramienta de credibilidad”.

“No sólo eres responsable de lo que haces, también eres responsable de lo que no haces”. Lao-Tsé.

“Los humanos ya no quieren ser recursos. Puede que algunos directivos con mentalidad “industrial” se opongan radicalmente a cualquier tipo de tendencia que fomente la aparición de profesionales con personalidad propia”. Estoy seguro de que esto es así. Pero también de que como comentaba antes, nos cuesta mucho cambiar ¿Para qué hacerlo si nos conformamos con lo que tenemos? Preferimos la “seguridad” que poco a poco deja de existir en las empresas para conservar nuestro empleo a ser proactivos. El problema viene cuando de un día para otro, lo que parecía seguro se desvanece.

Estoy de acuerdo en que conformarse es una opción válida, lo que no es de recibo es luego criticar nuestro rol dentro de la organización. Dejémonos de historias críticas y negativas y plantemos cara a nuestra labor profesional para hacer todo lo que esté en nuestras manos y así mejorar los resultados que beneficiarán a la empresa y en consecuencia al colaborador. Si pensamos que no tenemos suficiente formación (un eje de mejora en muchas organizaciones) pidámosla claramente y si no nos la dan, tenemos a nuestro alcance internet y la información que queramos si realmente queremos aprender. No hay excusas.

“Creo que los expertos en personas deberían actuar como desarrolladores de profesionales de referencia dentro de las empresas, porque son estos profesionales los que mejor van a representarlas”. Yo también lo creo. Este texto (igual que los otros extraídos del libro “Expertología”) proponen un cambio que ya debería estar haciéndose: dar la importancia y el valor que tienen las personas y profesionales. Es la única opción válida para seguir compitiendo por tu cuota de mercado. Ofrecer todas las herramientas necesarias para aprovechar sus capacidades y habilidades. Aunque (y sigo citando a Andrés Pérez) “Igual que ocurre con muchos productos, hay una tendencia a homogeneizar y a igualar a los profesionales. Parece que se fomenta la multiplicación de profesionales clónicos, idénticos, dóciles y fácilmente reemplazables”. Está claro, así es más fácil sustituir a los profesionales. Si hacen un trabajo automático donde no haya posibilidad de aportar valor diferencial, si las funciones que se realizan no son específicas, será muy sencillo reemplazar a ese profesional si no acaba aceptando las exigencias de la empresa. (Aquí doy margen para que cada cual imagine cuáles pueden ser esas exigencias).

No eres una tuerca ni un repuesto. Eres una persona. Con todo el valor que eso supone.

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Gracias por leerme. Un abrazo.

Fuente: “Expertología” Andrés Pérez Ortega.

 

 

3 comentarios sobre “No eres una tuerca ni un repuesto: eres una persona.

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