Mi particular homenaje al día de la madre.


Este va a ser mi particular homenaje al día de la madre. Este va a ser mi particular homenaje a la persona que me acompaña en mi vida desde hace 25 años. Este va a ser mi particular homenaje a mi mujer: Carmely. Este va a ser mi particular homenaje a la persona que más quiero, esa mujer que siempre ha estado ahí. Este va a ser mi particular homenaje a la madre de mis hijas: Irene, Carmen y Sofía. Y sí, este va a ser un post muy personal, que no sé si acabará gustándote pero lo que sí sé es que tenía que escribirlo.

“El día de la madre no es el primer domingo de mayo, el día de la madre es todos los días”.

Todavía recuerdo como si fuera ayer, el día que nació (hace más de 17 años) mi hija mayor Irene. Isabel, la ginecóloga, después de dos intentos poco fructíferos para que saliera el bebé, nos espetó a un tercer intento:-Pon el codo aquí y empuja con toda la fuerza que puedas-. Irene llevaba alrededor del cuello el cordón umbilical. Tuvimos suerte o el buen hacer y la profesionalidad de alguien que se sabe manejar en la incertidumbre y la presión de buscar soluciones eficaces y todo acabó felizmente. No fue necesaria la cesárea. Acabábamos de ser padres. Uno de los momentos más felices de mi vida fue participar y ver cómo nacía mi hija. Una sensación desbordante, unas emociones imperecederas. Era el año 1998.

Y ahí empezó nuestra odisea particular, nuestro plan familiar, nuestra propuesta de futuro: ser padres. Cambiamos nuestras prioridades, pasamos de ser personas que piensan un poco más en sí mismas, en su ego, a ser personas donde un@ mism@ pasa a un segundo plano y te preocupas mucho más de la personita que tienes que proteger y cuidar, que tienes que educar y a la que le tienes que dedicar mucho tiempo. Tu visión del mundo cambia. Tienes una responsabilidad.

Después vendrían Carmen en el 2004 y por último Sofía en el 2010. Parecía premeditado, cada seis años éramos papas. Pero nada más lejos de la realidad, por el camino (como en todos los caminos de todas las personas) encontramos muchos problemas que resolver, que saltar, que bordear y que dejar atrás. Esto es lo que tiene la vida, que te enseña a base de experiencias y a golpe de cincel va modelando tu propia escultura vital.

Pero como decía al principio del post, este es mi particular homenaje a Carmely. Esa madre de mis hijas que lleva dándolo todo durante tanto tiempo.

“Carmely no es una corredora de maratón, ni de ironman, ni de ultraman, Carmely es mucho más, es madre”.


Es la perseverancia de quien durante más de 17 años ha luchado para darle todo lo que tiene a sus hijas. Es esa persona que ha renunciado a mejorar profesionalmente (algún día os contaré en un libro “La teoría del limonero” que se inventó) porque en este país no es que sea difícil una conciliación laboral, es que es prácticamente imposible. La mayoría de las empresas no quieren que concilien su vida, lo que buscan es que les dediques tu vida. Y cuando tienes hijos, ni te cuento…

Carmely es imprescindible porque no sólo se preocupa de lo básico como puede ser un hogar donde vivir, comida, ropa, etc. Me refiero a la cantidad de horas y horas que les dedica cada día, me refiero como muchas madres de este planeta tierra, a la generosidad que supone quitarse mucho de su tiempo para estar con sus hijas, me refiero ese gran valor que tienen las madres de esforzarse al máximo para propiciar el mejor entorno posible a sus hij@s. Me refiero al amor inmenso que son capaces de dar.

Y además, me refiero a ir a las reuniones del colegio, a llevarlas a las actividades extraescolares, a ir a los cumpleaños, me refiero a la cantidad de deberes con los que hay que lidiar si tienes hijos en primaria, me refiero a la lucha constante para que tus hij@s hagan lo que tienen que hacer, a mantener los derechos que tienen pero también exigirles y no decaer en el intento de que también tienen obligaciones. Me refiero a no rendirse y a aguantar el tiempo que haga falta hasta que entren en razón. Y para esto se necesitan muchos arrestos.

Me refiero a educar unos valores, no esos valores del éxito fácil y fugaz, no algunos valores de la sociedad basada en el consumo, en aparentar, en tener, en comprar y no en el ser, en mejorar como personas,  en colaborar, en compartir, en ayudar, en buscarle sentido a nuestra vida.

No hay libro de instrucciones para ser madre o padre, pero quizás una de las premisas para educar, sea el tiempo que dedicas a tus hijos. Es pura estadística, cuánto más tiempo, más posibilidades de formar a una gran persona.
  
Día tras día, durante 17 años, Carmely ha demostrado el significado de lo que es ser madre. Desde aquí mi particular homenaje. 

¿Eres cómo Carmely?

Un abrazo. Que disfrutes de un gran día.

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El blog de Miguel Ángel García

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