Manifiesto de la inactividad.

Manifiesto de la inactividad. Tim Kreider

 

Manifiesto de la inactividad. “La vida es demasiado corta para tenerla ocupada”. Tim Kreider.

Descubrí este texto hace poco y me impactó muchísimo. Fue como una ventana abierta al mar o a una montaña donde los animales pastan tranquilamente como si el mundo (y el ruido ensordecedor que produce cada día) no existiera. El manifiesto de la inactividad creo que es auténtico, certero y disruptivo. Mi deseo es sorprenderte si no lo conocías.

Esto sólo es una parte que replico aquí como un pequeño plan para agitar tus pensamientos y tu vida. Sólo tú decides si quieres leer un pedazo de texto que puede plantearte preguntas referentes a tu vida. Su autor se llama Tim Kreider, es ensayista y dibujante y pertenece a su libro: “No aprendemos nada”.

“Si vives en Estados Unidos en el siglo XXI habrás oído decir a mucha gente que está muy ocupada. Se ha convertido en la respuesta por defecto cuando preguntas a alguien que tal le va: “¡Liado!”. “Bastante liado”. “Muy liado”. Es muy obvio que se trata de un alarde disfrazado de queja. Y la reacción habitual es una especie de felicitación. “Ya quisieran muchos tener ese problema” o “Mejor eso que lo contrario”.

Este ajetreo frenético y jactancioso es una clara desgracia de los privilegiados. Nótese que quienes arrastran varios turnos consecutivos en una UCI, o quienes cuidan de sus ancianos padres o quienes mantienen tres trabajos a los que tienen que ir en bus no suelen ser quienes se ven en la necesidad de decirte lo ocupados que están; esa gente no está ocupada, sino cansada. Exhausta. Molida. Es más frecuente oírselo a gente cuyo lamentado exceso de actividad es puramente autoimpuesto: trabajos y obligaciones que han aceptado voluntariamente, clases y actividades en las que han “animado” a participar a sus hijos. Están ocupados por su propia ambición o impulso o ansiedad, porque son personas adictas a la actividad y temen enfrentarse a lo que tendrían en su ausencia.

Casi todas las personas que conozco están. Se sienten angustiadas y culpables cuando no están trabajando o haciendo algo para potenciar su trabajo. Planifican el tiempo que pasan con sus amigos de la manera en que los mejores estudiantes se aseguran de matricularse en algunas actividades extracurriculares porque quedan bien en la solicitud para entrar en la universidad. Hace poco le escribí a un amigo preguntándole si le apetecía hacer algo esa semana, y me respondió que no tenía mucho tiempo, pero que si surgía algo que se lo dijera porque tal vez podría aparcar el trabajo durante unas horas. Mi pregunta no era un anuncio de una propuesta futura: Era la propuesta de por sí. Le proponía que hiciéramos algo juntos. Pero su actividad era como un ruido perturbador en el que él me respondía a gritos, y yo prefería no intentar siquiera responderle también a gritos en medio de aquel jaleo.

Hasta los pequeños de la casa están ocupados en nuestros días, y tienen organizada hasta la última media hora con cursos de apoyo, clases particulares y actividades extraescolares. Al final del día llegan a casa tan cansados como los adultos, lo cual no sólo me parece penoso, sino también odioso.

No puedo evitar preguntarme si todo este agotamiento histriónico no es una manera de ocultar que la mayoría de lo que hacemos tienen ninguna relevancia. Una vez salí con una mujer que estaba haciendo prácticas en una revista donde no le permitían un descanso para comer, por si la necesitaban con urgencia. Era una revista de  entretenimiento cuya razón de ser desapareció cuando surgieron las teclas “Menú” en los mandos a distancia, así que es difícil interpretar esta supuesta indispensabilidad como algo distinto a una forma de autoengaño institucional.

Cada vez hay más gente en este país que ya no hace nada tangible; si tu trabajo no es de los que realizaría un gato o una boa constrictor o un gusano con sombrero tirolés en un libro de Richard Scarry no estoy seguro de que sea necesario. Sí, sé que todos estamos muy ocupados, pero ¿qué es lo que hacemos exactamente? ¿Es que toda esa gente llega justa a reuniones o vocifera por los teléfonos móviles para frenar la propagación de la malaria o para desarrollar alternativas viables a los combustibles fósiles o para crear algo bello?

Este exceso de actividad funciona como una especie de reafirmación existencial, una protección frente al vacío: es evidente que tu vida no puede ser absurda ni trivial ni irrelevante si estás tan ocupado, si tienes la agenda llena si te reclaman cada hora del día. Todo este ruido y esta prisa y este estrés parecen destinados a acallar o encubrir algún temor crucial en nuestra vida. Yo sé que después de pasar un día entero trabajando o haciendo gestiones o respondiendo mensajes electrónicos o viendo películas, manteniendo el cerebro ocupado y distraído, en cuanto me tumbe a dormir se agolparán en mi mente, como monstruos que salen en tropel del armario en cuanto apagas la luz, todas las insistentes preocupaciones cotidianas y todas las grandes preguntas que había conseguido mantener al margen. Cuando intentas meditar, el cerebro sale pronto con una lista de miles de temas urgentes que deben obsesionarte, para que no puedas limitarte a sentarte en paz. Uno de mis amigos por correspondencia cree que lo que nos asusta tanto a todos es quedarnos solos con nosotros mismos.

Tengo que decirlo: Yo no soy una persona ocupada. Soy la persona con ambición más tranquila que conozco. Como la mayoría de los escritores, me siento como un réprobo que no merece vivir el día que no escribe, pero también sé que cuatro o cinco horas son suficientes para ganarme un sitio en este planeta durante un día más.

Sí tomé hace mucho la decisión consciente de preferir el tiempo al dinero, porque siempre puedes hacer más dinero. Y siempre he sabido que la mejor manera de invertir mi limitado tiempo en la tierra consiste en pasarlo con la gente que quiero”.

¿Qué opinas de este manifiesto de la inactividad? ¿Crees que Tim Kreider acierta cuando dice que tenemos que estar ocupados porque tenemos miedo a quedarnos solos con nosotros mismos?

Si te ha gustado el tema de este manifiesto de la inactividad, te recomiendo el post “Se busca líder que quiera volver a su casa”.

Gracias.

Fuente: “Armas de titanes”. Tim Ferris.

Miguel Ángel García

Escritor de desarrollo personal y liderazgo. Autor de los libros "La vida continúa. Protagonízala" y "Sácale partido a tu vida". También de los ebooks "Claves para mejorar tu vida" y "Liderazgo invencible".

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