Los influenciadores y las relaciones sociales

Hay personas que tienen un don para relacionarse con la gente, que tienen muy claro que esto del vivir y comunicarse con los demás es una de las bases del éxito personal y profesional. 
Son esos hombres y esas mujeres que cuando comienzan a hablar enseguida te sientes atraído por lo que dicen y por la forma en que lo dicen. Saben transmitir una energía especial a sus palabras que te envuelven y engatusan de manera que rápidamente caes en sus espectaculares redes. De esta manera ellos consiguen dos cosas:

1– Que el mensaje que están transmitiendo (y con ello el contenido) tenga la repercusión y la atención necesaria en su entorno. Si su objetivo es compartir información válida e importante, consiguen el centro de todas las miradas.
Si su finalidad es vender un servicio o un producto tienen mucho ganado.
No obstante siempre estamos vendiendo nuestra propia marca personal. Cuando interactúas con los demás, tu forma de hablar, de expresarte, tus gestos y tu expresión corporal lanzan mensajes al receptor que al final acaba forjándase una idea de cómo eres.

2-Ese arte que tienen con su oratoria segura, firme y melosa, magnética y cautivadora, inculca en los demás una empatía, una cercanía que acrecenta la disponibilidad del público para acometer cualquier acción que se le sugiera en ese momento: una compra, una firma o simplemente una escucha activa.

foto:alienaragorn

En todos los entornos que nos movemos, siempre encontraremos a alguien con esta capacidad innata y trabajada que acaba “embobándonos” con su oratoria. Algunos la emplean para compartir conocimientos y sabiduría, experiencias y descubrimientos, otros para engatursarnos y conseguir algún beneficio.
De manera que tenemos los influenciadores altruistas, que buscan compartir, ser solidarios y hacer el bien sin esperar nada a cambio y los líderes que buscan una manera de ganarse la vida, que viven de ello y utilizan su posición de influencia para conseguir sus objetivos. 
Y por último también están los charlatanes o los que se aprovechan de los demás, embaucando y estafando sin tener ningún prejuicio moral ni ético.

La importancia de las relaciones sociales es proporcional a la cantidad de éxito que quieras o necesites tener para vivir una vida feliz. Hay personas que no quieren relacionarse con los demás y optan por una vida casi monacal y ermitaña.¡Y con eso son felices y viven sin más necesidades!. Pero la gran mayoría busca relacionarse. La afiliación con los demás es uno de los escalones básicos de la autoestima y de la realización personal. El afecto por otra persona, la amistad que te une a alguien o que surge de repente porque se han dado las circunstancias son imprescindibles para nuestro desarrollo humano. Necesitamos sentirnos queridos y aceptados en nuestro entorno. Por eso algunas veces perdemos la perspectiva de quiénes somos y a dónde queremos llegar, pues una falta de autoestima puede derivar en una conducta en la que las opiniones de los demás influyen demasiado en nuestra personalidad. Y como decía Clint Eastwood: “Las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene uno”.

Debemos de tener la suficiente capacidad para discernir entre las personas que realmente te aportan valor personal (confianza, tranquilidad, privacidad, amistad, amor…) y conocimiento , así como la posibilidad de relacionarte con ellos de una forma veraz y sin dobles intenciones (qué difícil puede parecer esto) y las que se relacionan contigo por su propio interés personal buscando un beneficio.

Relacionarse es vivir y vivir es equivocarse, es fallar, es tropezar, es caerse. Y también es levantarse, es empezar de nuevo, es tener unos objetivos y tener la ilusión de conseguirlos.

¿Te gusta relacionarte o eres de los que prefieres evitar los actos sociales?











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