La mezquindad de las empresas que despiden sin dignidad a las personas

La mezquindad de las empresas

Este tema me toca muy de cerca. Es personal.

Hace unos días despidieron a una persona de mi entorno familiar que quiero mucho. Una noticia pésima que nunca viene bien y que muy pocas veces estamos preparados para asumir. A las personas por naturaleza no nos gusta el cambio y mucho menos la incertidumbre. Cuando ocurre un hecho así, se abre una nueva época personal y profesional donde el miedo puede apoderarse de nosotros. Donde el mundo se suele quebrar a nuestros pies.

Cuando hablo de la mezquindad de algunas empresas que despiden sin dignidad a las personas, lo hago porque la “fantástica” noticia se la dieron por teléfono. También se utiliza mucho la vía burofax, o por qué no (aquí ya entramos en el respeto que se tenga a las personas) de forma más responsable y correcta como es el cara a cara. 

De esto no hablamos mucho cuando las formas de esas empresas con una mezquindad inaudita, facilitadas a través de sus directivos, rozan el esperpento tratando así a las personas, que hasta el momento del despido han pertenecido a su plantilla y su cultura empresarial.

Después de llevar quince años en la empresa dejándose la piel como muchas personas, comprometida con su trabajo y robando horas de su vida personal y de su tiempo por lograr los objetivos, la han despedido.

Este hecho es algo muy común en los tiempos que corren. Ya dicen que la vida es un cambio constante y que hay que aceptarlo y evolucionar. O lo haces o estás perdido.

“Abre tus brazos al cambio, pero no dejes ir tus valores. La vida es cambio y el cambio es vida, pero no se trata de cambiar por cambiar, sino de hacerlo en una dirección y un sentido”. Dalái Lama

La mezquindad de las empresas

Llegan nuevas personas a los puestos de mando y cambian e implantan su nueva estrategia empresarial. Una de las acciones que suelen tomar es despedir a las personas que llevan más tiempo para “aligerar” el coste de sus sueldos y comisiones. Viví esa experiencia y he conocido casos de mucha gente y amigos que les pasó lo mismo.

En muchas ocasiones no importa que te hayas implicado al máximo con tu empresa (era tu obligación te podrían decir), ni que hayas hecho un millón de horas extras con jornadas maratonianas para cerrar un pedido importante y valioso, realizar un proyecto esencial para la organización o para solucionar problemas con un cliente. Era tu obligación como profesional, luchar por los intereses de la empresa que a la vez eran los tuyos.

Esta estrategia, la de sentirte parte de la empresa es la que suele dar los mayores beneficios a las organizaciones y también al trabajador que se siente realizado con su trabajo. El motivo es que como te hacen creer que eres parte de un proyecto importante, te dejas el alma en ese proyecto porque te consideras una persona comprometida con tu trabajo. Y como profesional es esencial que te creas parte de un proyecto y estés comprometido con él para lograr grandes resultados.

Quizás no lo veas como un problema, sino como un valor para cualquier profesional que se precie. Y sin duda tendrás parte de razón. El compromiso es esencial para lograr desarrollarte como persona y como profesional. Pero la pregunta llega cuando ese compromiso lo rompe la empresa. ¿Dónde están los valores de esa organización cuando despiden a una persona porque su sueldo se puede reducir para obtener más beneficios sustituyendo a ese profesional por un becario, una persona con contrato de prácticas o un nuevo empleado que acepta cobrar un 40 por ciento menos de sueldo?

La mezquindad de las empresas

[Tweet “¿Dónde están los valores de la empresa cuando tratan de forma mezquina a las personas?” @magarcimor]

¿Eso es compromiso con la sociedad, con los inversores, con los empleados, con los beneficios?

No tengo ninguna duda de que las empresas se crean para ganar dinero, pero también tengo la opinión que coincide plenamente con el Sr. Bernie, el afable y veterano inversor de “El emprendedor visionario” de Marc Allen, que cito en mi segundo libro “Sácale partido a tu vida” y que decía lo siguiente:

—¿Cuál ha sido su principal propósito en todo esto?—preguntó entonces.

—¿Mi principal propósito?—repliqué, tratando de reflexionar con cuidado, percibiendo que la pregunta tenía su trampa.

—Al hacer este plan, al tratar de conseguir este dinero, seguramente ha perseguido algún propósito. ¿Cuál es? ¿Quiere ganar una tonelada de dinero? ¿Quiere jubilarse en una mansión? ¿Quiere crear un gran valor para los accionistas de la empresa? Sea honesto, por favor.

No me quedaba otra alternativa. No podía mirarlo a la cara y mentirle. Pero me hacía una pregunta muy difícil.

—Al tratar de expresar con palabras mi principal propósito, lo que me sale parece algo bastante trillado, pero lo cierto es que me gustaría ayudar a la gente. Me gustaría hacer algo importante y significativo…; algo que sea una contribución valiosa para los demás, y que quizás incluso ayude de algún modo al mundo a ser un lugar mejor donde vivir…

¿Dónde están los valores de las empresas cuando utilizan la mezquindad con las personas que despiden?

Los negocios son los negocios, pero el respeto a la dignidad de las personas no se debería de perder nunca.

Gracias.

Fotos: Unsplash

 

 

 

 

 

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