¿Estamos implicados en nuestro trabajo?

Un compañero de trabajo solía decir la siguiente frase: “Yo hago como que trabajo y ellos hacen como que me pagan“, frase lapidaria para un empleado de una empresa. Expresa totalmente la actitud y la implicación que ésta persona tenía con sus compañeros y con la empresa que puntualmente le pagaba todos los meses.

También escuchaba la siguiente frase: “Para lo que hace el jefe…si está sentado todo el día en su despacho. Yo podría perfectamente hacer su trabajo, incluso ocupar su puesto y dirigir mucho mejor”. ¿A alguien le suena este comentario?

Esta segunda opinión suele ser frecuente en muchos trabajadores.  A pesar del desconocimiento de todas y cada una de las funciones que un responsable ejerce en su cargo, muchos subordinados tienden a criticar a sus jefes. Es una norma común. Despreciar e infravalorar el trabajo de un superior y sobrevalorar nuestro trabajo y la capacidad que muchos de nosotros creemos tener.

 

En las entrevistas de desarrollo que he hecho durante muchos años, he tenido la oportunidad de escuchar una gran cantidad de opiniones, (la dificultad está en conseguir que la persona que tienes enfrente responda con honestidad y sinceridad y de ésta manera poder valorar la información) y en la mayoría de ellas casi todas las personas se creían capaces de hacer el trabajo de su jefe. Pensaban que sin tener una actitud adecuada (un eje prioritario para la evolución en una empresa) ni la aptitud necesaria (formación y conocimientos) llegarían a conseguir sin esforzarse el puesto de su superior. También he encontrado personas con un gran potencial que con el tiempo evolucionaron en la empresa. Se esforzaron, aprendieron y ascendieron. Su actitud fue determinante para que lo hicieran.

Estos intercambios de información servían para conseguir “inputs” que diariamente por la rutina de trabajo no te llegaban o no se apreciaban y así poder actualizar y mejorar los procesos de organización y ejecución de las funciones realizadas en el puesto que ocupaban. Conseguir crear un buen ambiente, detectar trabajadores con potencial para desempeñar mayores responsabilidades y mejorar el rendimiento, la rentabilidad y la productividad del equipo, eran los objetivos de éstas entrevistas.

Volvamos a la implicación que tenemos en nuestro trabajo. Sin generalizar, lo cierto es que en muchas empresas existe el “Burnout” o “El Síndrome del Trabajador Quemado”. ¿A qué es debido este gran problema dentro de una organización empresarial?. Estos pueden ser algunos factores:

La monotonía: funciones con tendencia al aburrimiento y a la falta de desarrollo personal.

La sobrecarga de tareas: mandan demasiadas cosas que hacer a la vez y casi nunca da tiempo acabarlas con la sensación de frustración que esto puede generar.

-La percepción de falta de reconocimiento: hacer las cosas bien debe de tener su recompensa económica y emocional. Una palmadita en la espalda siempre es necesaria y reconforta y anima a quien la recibe.

Una excesiva jornada laboral: casi todo el mundo está dispuesto a esforzarse por la empresa en la que trabaja. El problema radica cuando la falta de recursos humanos provoca una sobrecarga de trabajo continua. Si antes había 5 personas para realizar un trabajo y ahora lo tiene que hacer un empleado y esto genera que cada día emplee más tiempo en hacerlo, seguramente acabará “quemado”. De esta manera su rendimiento se verá seriamente afectado y su motivación e implicación acabarán desvaneciéndose.

La coyuntura económica actual está incrementando el que un trabajador acabe “quemado” y “fundido”. Pero aquí tenemos dos parámetros que tenemos que valorar:

1-El trabajador tiene que valorar la empresa en la que está. Su implicación, su actitud y sus ganas de mejorar acabarán fortaleciendo y empujando en la dirección adecuada para que su empresa consiga ser rentable y de esta manera asegurar su viabilidad en el futuro. Podrá decir que no es suya, que hace su trabajo, pero tiene que aportar más valor. Como comentaba antes el trabajo se compone de una remuneración económica y un componente emocional. El empleado cansado, poco participativo, sin iniciativa  y el escaqueado de turno, no aportan ningún valor a su empresa. Tarde o temprano esa actitud negativa repercutirá en una situación poco agradable. Tiene que preguntarse todos los días qué mas puede hacer para conseguir sus objetivos ya sean individuales o de equipo. Tiene que transmitir ilusión, hoy en día esa sensación es primordial.

2-La empresa y las personas que la dirigen, tienen que ser capaces de detectar esas actitudes negativas y transformarlas en una corriente de motivación. La crisis ha generado muchos recortes en muchas plantillas, pero el buen líder tiene que ser capaz de exigir y controlar, pero también animar a su equipo constantemente, coordinarlo y felicitarlo cuando se hacen las cosas bien. Esa palmadita en la espalda, ese “lo has hecho muy bien” o “has solucionado ese problema con eficacia”, garantizan un soplo de autoestima y motivación al empleado. La otra cuestión sería la de distribuir las cargas de trabajo de manera que se puedan realizar en el tiempo acordado. Yo siempre ponía el siguiente ejemplo a mis superiores cuando me demandaban una tarea que veía inviable poder terminarla en los plazos previstos. Argumentaba de la siguiente manera:

Si tengo que construir un edificio de 6 plantas con 20 personas y el tiempo para terminar la obra es de 8 meses y por los recortes de personal me dejas con 8 personas es imposible acabar en el plazo establecido. Si terminaré la obra, pero tardaré  más de 8 meses. Si conseguiré que las 8 personas que están a mi cargo sean más productivos, sean más eficientes, estén motivados y sean resolutivos. Pero no me digas que acabe en 8 meses. No es realista.

Este argumento lo utilizaba como ejemplo gráfico. La presión es necesaria cuando se dirige a personas, cuando se tiene un equipo, pero hay que saber utilizarla. La presión se efectúa en momentos determinados para conseguir un objetivo concreto. Hay que saber cuando hacerla. Presionar por presionar para intentar que se realice el trabajo lo antes posible al final tiene el efecto contrario al deseado. Todo el mundo laboral necesita a alguien que le eche el aliento en la nuca, es lógico. Pero esa presión ha de ser inteligente.

¿Estamos implicados en nuestro trabajo?¿La empresa genera una buena motivación emocional y no sólo económica en sus empleados?

 

2 comentarios sobre “¿Estamos implicados en nuestro trabajo?

  • el Octubre 26, 2013 a las 10:55 pm
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    Excelente apreciacion sobre la constancia y dirigir un equipo de trabajo. Solo quien deja de ser jefe, se convierte, en una persona que enseña, educa, y divierte a sus empleados, imaginemos por un momento a los chinos. Para ellos no existe la huelga, al reves trabajan mas.

    Pero trabajar mas no significa ser efectivos en el trabajo, todo depende de como enfrentamos a un trabajador que desempeña una funcion, sea la contable, administrador de proyectos, creador de ideas, diseño grafico. ¿Es facil crear una sociedad? depende, depende de como es la sintonia y cuales son los retos y cualidades que tiene el trabajador y tambien el jefe. Aunque muchas personas que eran jefes de empresas, se dieron cuenta de la capacidad que tiene internet, de llegar a mas personas. Pero se olvidan de que a veces el contenido hay que trabajarlo diariamente, sin escatimar el tiempo que conlleva. Necesitamos un reloj para controlar el tiempo. Depende, depende de como queramos utilizarlo, las personas freelance sabe utilizar su tiempo de forma muy objetiva.

    ¿Hay miedo al jefe?, claro si pensamos que nuestro jefe puede ser “nuestro mejor amigo”, porque con el sabiendo el conocimiento que cada uno tiene, puede implementar nuevas ideas, y tambien abrir una puerta hacia mejor salario.

    A veces buscamos que nos paguen mas por nuestro trabajo, pero realmente las personas que estan trabajando se esfuerzan en dar, porque quien da tambien recibe.

    Solo quien este dispuesta a implicarse en la creatividad, ahi es donde comenzara el exito de la empresa. Si olvidarnos de ser constantes.

    • el Octubre 28, 2013 a las 11:08 pm
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      Gracias por tu comentario Killoquin. Disculpa el retraso en contestar. La capacidad que tenemos las personas para relacionarnos y empatizar con la gente que nos rodea va a marcar las posibilidades de éxito de los objetivos marcados. La presencia en el trabajo como fórmula para ganar credibilidad no se sostiene si no se es eficiente. Como decía en el post, todos estamos preparados para impulsar y aportar valor a la empresa. Debemos ser constantes y valorar las personas que nos enseñan diariamente muchas cosas, sólo tenemos que tener la habilidad de apreciarlo y aprender de ello. La implicación, la creatividad y las ideas además de la constancia son los ejes de una camino que con toda seguridad nos llevará al éxito personal y profesional.

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