¿Escuchas o no escuchas?

foto: Morguefile

Suele pasar que cuando hablamos nosotros, queremos que nos presten la máxima atención. Claro nuestras palabras nos parecen importantes y casi sagradas. Parece que cuando hablemos vayamos a sentar cátedra. Estás contándole a tu amigo la película de turno, lo mal que te va el coche o los pañales que has cambiado y quieres que te escuche como si fueras la única persona de este mundo (aunque ya hemos llegado a los 7.000 millones). La cosa cambia si somos nosotros los que tenemos que escuchar. ¡Nos sentimos el centro del universo y encima tenemos público! Creo que muchas veces lo hacemos por compromiso, por cortesía, por educación y por obligación. También depende de quién nos hable y la forma de hacerlo. De si siente lo que dice y se implica en cada una de sus palabras. De si es un buen comunicador y sabe manejar los tiempos para mantener la atención de las personas que le escuchan o por el contrario nos recita el libro gordo de Petete sin ninguna emoción. ¡Cuanto rollos hemos escuchado! ¡Cuanta verborrea!


En otras ocasiones escuchamos porque nos interesa realmente lo que nos cuentan, porque el tema nos apasiona o porque estimamos a la persona que lo hace. 

Muchos adolescentes ( y también los que no somos adolescentes) de hoy en día tienen prioridades a la hora de escuchar y a la hora de oír. Cuando están en clase, algunos están pendientes de lo que dice el profesor de forma activa (escuchan) y a otros les suena un susurro, un murmullo o un aletear de mariposa (oyen). Si un día les dices que se van a quedar sin móvil, rápidamente se ponen en alerta y efectivamente escuchan las palabras que han salido de tu boca. Si suena la melodía del móvil,lo cogen apresuradamente porque estaban pendientes de la llamada, y además escuchan atentamente y con disciplina todo lo que les dicen, con tiempo y paciencia. Si les mandas hacer su habitación o que vayan a tirar la basura, tendrás que repetirlo varias veces porque seguramente no lo habrán oído. Interesa o no interesa, creo que esa es una de las diferencias entre escuchar y oir…
foto: alienaragorn

Seguro que todos recordamos multitud de ocasiones donde nos ocurren todo tipo de anécdotas a la hora de comunicarnos. Y estoy hablando de las dos opciones (cuando hablas y cuando escuchas). 


Un ejemplo muy gráfico es el de las entrevistas cortas en la televisión.Una opinión de cualquier dirigente, actor,empresario o futbolista donde la periodista solo tiene una o dos preguntas y cuando empieza a contestar, vemos como la entrevistadora mueve la cabeza de arriba a abajo afirmando al personaje que está pendiente de lo que dice, que lo escucha y lo entiende.

El otro ejemplo puede ser el de cualquier político que sube al estrado y que cuando comienza a  hablar, los parlamentarios no le hacen mucho caso (consultan el móvil,la hora o aprovechan para preguntar al compañero). Puede que porque ya se sepan lo que va a decir o porque lo que dice no importa a nadie, porque total es una representación de cara a la galería, pensarán muchos…

¿Escuchamos o no escuchamos?, depende tanto de lo que nos cuenten como de quién habla. Si es un profesor, un amigo, un conocido, un jefe, un cliente…
Una cosa está muy clara, tenemos dos oídos y una boca, pero muchas veces pienso que es al contrario…

¿Escuchas o no escuchas? Por obligación o porque te interesa…















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