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Dar y Recibir de Adam Grant

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“Cuanto más ayudo, más éxito tengo. Aunque yo mido el éxito por lo que hago por la gente que me rodea. Ese es el mejor elogio”. Adam Rifkin

Me gustó el libro de Adam Grant “Dar y Recibir” porque explica de forma eficaz desde otra perspectiva el modo de comportarse de las personas. Según el autor, hay tres estilos de personas: Los donantes, los receptores y los equilibradores.

“Los donantes consideran el éxito como aquellos logros individuales que tienen un impacto positivo en los demás”.

Los receptores tienen un rasgo característico: les gusta obtener más de lo que reciben. Inclinan la reciprocidad a su favor y ponen sus intereses por delante de las necesidades de los demás.

En el entorno laboral, los donantes son una raza relativamente excepcional. Inclinan la reciprocidad hacia el otro lado de la balanza y prefieren dar antes que recibir. Mientras que los receptores tienden a ser personas centradas en sí mismas y que evalúan lo que los demás pueden darles, los donantes están centrados en los demás y prestan atención a lo que los otros necesitan de ellos.

Cabe la posibilidad de que el donante no tenga en absoluto en cuenta sus costes personales y ayude a los demás sin esperar nada a cambio. En el entorno laboral, el donante se esforzará por ser generoso y compartir su tiempo, energía, conocimientos, habilidades, ideas y relacionarse con todo aquel que pueda beneficiarse de ello.

Dar y recibir se vuelve complicado en un entorno de trabajo, donde aparece un tercer estilo: los equilibradores y nos esforzamos por preservar el balance entre dar y recibir. Operan basándose en el principio de la justicia: cuando ayudan a los demás, se protegen a sí mismos porque buscan reciprocidad.

Dar, recibir y equilibrar constituyen los tres estilos fundamentales de la interacción social.

Infravaloramos a los donantes. En ocasiones nos pueden parecer bobos y estúpidos, sin embargo son personas felices porque hacen lo que les gusta: ayudar a los demás.

Tanto los donantes como los receptores y equilibradores pueden alcanzar el éxito. Pero cuando lo hace un donante se produce un fenómeno diferencial: el éxito se extiende y continúa. Normalmente cuando un receptor gana, siempre hay alguien que pierde.

LA ANÉCDOTA DEL CLIENTE QUE ERA OBRERO METALÚRGICO

Peter era un asesor financiero y recibió una llamada de un cliente que quería hacer en un pequeño fondo de jubilación. Un compañero que le asignaron para llevar el caso declinó ocuparse del trabajo porque el fondo era de un importe menor en comparación con los clientes con los que trabajaban. Estaba acostumbrado a tratar con millones de dólares en inversiones, no quería perder el tiempo con alguien que quería invertir setenta mil dolares.

Pero Peter pensó que aunque era un cliente minúsculo y nadie quería visitarlo, no se podía ignorar a nadie por no considerarlo lo bastante importante. Decidió hacer la visita y se encontró con una casa destartalada que hacía presagiar una pérdida de tiempo. El cliente le preguntó si le gustaban los coches y el dijo que sí. Armándose de valor para ver un cobertizo lleno de antiguallas, se encontró con cuatro coches que valían una fortuna: un chevrolet Camaro de 1966, dos Valiant con motores de mil caballos, una pickup trucada y un Ford cupé de la película Mad Max. Resultó que el cliente no era un obrero metalúrgico, sino el propietario de un desguace que había comprado recientemente la casa con un terreno de cuatro hectáreas valorada en un millón y medio de dólares.

Peter acabó desarrollando una relación estrecha con el cliente, cuyos honorarios se multiplicaron por cien al año siguiente.

Ser un donante permite acceder a oportunidades que receptores o equilibradores pasarían rutinariamente por alto.

ALT Dar y Recibir de Adam Grant

Lista de valores de Receptores

  • Riqueza (dinero, posesiones materiales)
  • Poder (dominio, control sobre los demás)
  • Placer (disfrutar de la vida)
  • Ganar (hacerlo mejor que los demás)

Lista de valores de Donantes

  • Utilidad (trabajar para el bienestar de los demás)
  • Responsabilidad (ser responsable)
  • Justicia social (procurar por los desfavorecidos)
  • Compasión (responder a las necesidades de los demás)

“Dar y recibir” te hace comprender qué es lo que convierte el hecho de dar en algo tan potente y peligroso.

Los donantes de éxito tienen una forma única de plantear las interacciones en cuatro claves:

  • El networking
  • La colaboración
  • La evaluación
  • La influencia

Con el networking crean estrategia novedosa para desarrollar relaciones con nuevos contactos y reforzar los vínculos con los contactos antiguos.

La colaboración revela qué se necesita para trabajar productivamente con los colegas y ganarse su respeto.

Explorando cómo evaluamos a la gente, obtendremos técnicas nada intuitivas para juzgar y desarrollar el talento necesario para obtener los mejores resultados posibles de los demás.

El análisis de la influencia generará novedosas sinergias/estrategias para presentar, vender, persuadir y negociar, todo ello con la idea de convencer a los demás de que apoyen nuestras ideas e intereses.

Adam Grant explica muchos ejemplos de donantes y receptores. Como donante, uno de ellos es Adam Rifkin. Se describe como friki de los ordenadores, tímido, amante de Star trek, con dos másteres en computación y que ha desarrollado aplicaciones para la Nasa y Microsoft.

Tenía una red de contactos increíble. En LinkedIn estaba en contacto con los seiscientos cuarenta personajes de las listas de Fortune. Más que cualquier otra persona del mundo.

Como explica el propio Rifkin: “Mi red de contactos se desarrolló poco a poco, de hecho un poquito cada día, a través de pequeños gestos y actos de bondad y a lo largo de muchos años, con el deseo de mejorar la vida de las personas con quien estoy conectado”.

Adam Rifkin

Y en este punto me viene a la memoria el párrafo de la canción de Macaco que menciono en el libro “La vida continúa. Protagonízala” sobre las redes sociales:

Luis, con el mundo, lleva una vida muy social
en la Red un millón de amigos,
dice: No te pueden fallar
pero en su casa hace un mes
que nadie cruza su portal.
La banda sonora: Solitaria comunidad.

La banda sonora de la “Otra realidad” diría yo. Cuántas personas no somos capaces de descubrir que la imagen que das en el 2.0 tiene que ser la misma que en la realidad del 1.0 y que ocurre como en la canción, que en ocasiones no sabemos conectar y trasladarnos al mundo de las personas, de las conversaciones y de las sensaciones.

Para que te hagas una idea de la clase de donante que era Adam Rifkin (recibe unos 800 emails al día) hizo recomendaciones en LinkedIn para doscientas sesenta y cinco personas… ¿No te parece extraordinario invertir esa cantidad de tiempo en ayudar a los demás?

En el caso de un receptor seré más escueto. Todos conocemos personas interesadas que solo buscan su beneficio personal. Adam Grant expone también a uno de los receptores más hábiles: Ken Lay, el presidente de ENRON. Logró engañar a todo el mundo hasta estafar mil millones de dólares cuando los empleados y los accionistas lo perdían todo.

Para que os hagáis una idea del vacío moral de este receptor, aquí tienes un ejemplo:

En 1998 Ken Lay con motivo a la sede de Enron de los analistas de Wall Street, reclutó a setenta empleados para que actuaran como ocupados negociadores. En la farsa incluyó fotografías decoradas de los empleados seleccionados para darle más veracidad…

La pregunta sería la siguiente:

¿Eres un donante ayudando a los demás aunque conforme pasa el tiempo parece que estés haciendo el/la bobo/a porque poca gente lo aprecia o eres un receptor y no das puntada sin hilo para asegurarte el retorno de tus acciones?

¿Cómo lo véis?

La respuesta la tenéis vosotr@s

Gracias por leerme.

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No sigas la manada.

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NO SIGAS LA MANADA.

Sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento”. William Somerset.

Mira a tu alrededor. Dime que ves. Ahora mira dentro de ti. Dime también que ves. ¿Ves mediocridad o ves excelencia?

Estamos rodeados de rebaños de mediocridad y de conformismo. Y lo tengo que reconocer: pertenezco a esa especie (llamémosles corderos, cabras, lobos o caballos, elige la que más te plazca) que sigue a la manada, que piensa igual, que actúa igual y que se conforma con la mediocridad. No tengo excusas. La culpa es mía, de nadie más.

Pero también te diré que llevo buscando la salida de esa manada desde hace algún tiempo. A veces lo consigo y encuentro la vía de escape entre tantos animales y otras veces, me arrastra hacia donde ellos quieren. Su fuerza es poderosa. Y es que salir de esa manada no es nada fácil, tú ya lo sabes. Siempre hay elementos a los que no les gusta que nadie destaque, ni argumente otras ideas u otras opciones de hacer las cosas para mejorar. Esos elementos prefieren que el conformismo y la mediocridad sean la esencia de la manada. No quieren que nada cambie, tienen miedo ¿Y si luego les afecta también ese cambio?

Ir en contra de la manada cuando tiene un objetivo y una dirección significa una cosa: ser diferente y valiente. Pero no ser distinto porque sí, porque nos apetezca. Estamos hablando de marcar la diferencia, de proponer acciones para un bien común que sobresalgan por su idoneidad y además que sean productivas y efectivas. Estamos hablando de aportar un valor que pocos antes han conseguido. Estamos hablando de ser disruptivo para mejorar el mundo (esto suena grandilocuente) pero lo que sí suena bien es la excelencia, el esfuerzo, el compromiso, la coherencia y la constancia. Y lo que suena mejor es hacer grandes cosas para un bien común, difícil de digerir por los elementos tóxicos de la manada. Por eso cuesta tanto ir en otra dirección (prueba entre un rebaño de ovejas, doscientas ovejas juntitas todas a una como si las estuviera dirigiendo Babe el cerdito valiente) lo tienes claro si quieres ir hacia un sitio que no sea el mismo que el rebaño quiere.

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Te empujarán por todos los sitios, recibirás golpes de todos los lados, lucharás por hacer tu camino que te permita salir de la manada, sufrirás para conseguirlo y muchos harán lo imposible para que no lo hagas porque eso supondrá un cambio. Un cambio significa no seguir igual. Y eso molesta.

“El cambio es una puerta que sólo puede abrirse desde dentro”. Terry Nell.

El 80% de las personas que trabajan por cuenta ajena no está a gusto con su empleo. A esto le llaman tener un trabajo alimenticio. Respetable. Cada persona tiene sus objetivos y el de muchos es “llegar a fin de mes”. ¿Y qué hacemos cada día de ese mes? Se harán largos ¿no?

Bernardo Stamateas nos comenta en su libro “Gente Tóxica” (me gustó mucho el post de Santiago Smoll sobre el libro http://justificaturespuesta.com/14-soluciones-detectar-evitar-gente-toxica/) que “la mediocridad, la modorra y el letargo son contagiosos”. ¡Son una plaga! J. “La Pereza, la falta de estímulo, la pérdida de sueños y de visión han llevado a muchos a conformarse con una vida monótona, pero claro, sin sobresaltos”. Con esta rutina explica que “pasan los días, inmersos en un vacío donde el estímulo, los sueños, los éxitos y lo trascendental no tienen lugar”.

No sigas a la manada. Descubre lo que puedes llegar a hacer, a conseguir, a realizar por ti mism@.

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Visualiza la mediocridad. Visualiza a la manada.

Si cada día haces la misma rutina de siempre, ese día pasa, ese día no vuelve, ese día es indiferente.

La diferencia estriba en la forma de vivir esos días. Si has arriesgado, si has tenido desafíos que te han hecho vivirlos con intensidad y entusiasmo, con pasión e ilusión. Si te han hecho sentir y vivir o por el contrario ha sido otro día más que has tachado del calendario sin apenas haberlo vivido, sin apreciar cómo se te ha escurrido, cómo se te ha ido casi sin percibirlo.

Visualiza la mediocridad. Visualiza la manada.

Rompe, arriesga, desafía, aporta, comprométete, comparte, colabora, argumenta, aprende, espabila, sé listo, sé inteligente, esfuérzate,  sé inconformista si lo que haces no te llena, no te gusta, no te hace sentir vivo. No sigas a esa manada si la dirección que lleva no es la tuya. No digas SI, cuando quieres decir NO. Es saludable saber decir NO cuando no te conviene. No tengas miedo, ten sentido común, no sigas a la manada, no seas mediocre, busca la excelencia aunque no la encuentres, porque con el tiempo esa excelencia te encontrará, esa mediocridad no te apestará y ese conformismo pertenecerá a épocas pasadas.

“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Albert Einstein.

“Aceptarnos a nosotros mismos nos posicionará como personas habilidosas. Y es esta misma aceptación la que nos capacitará para ser personas eficaces, dispuestas a mejorar continuamente”. Bernardo Stamateas.

El autor de “Gente Tóxica” señala que “Podemos quebrar la mediocridad y el conformismo, ¡Sí, disfrutar lo que hemos alcanzado! y luego ir a por mucho más”. Y propone nuevas metas:

-Haz todo con mayor calidad y eficiencia.

-Conviértete en tu propio jefe y evalúa tus resultados.

-Cuida los detalles, incluido el aseo personal.

-No pierdas tiempo en tratar de demostrar tus opiniones.

-Crea, renuévate cada día.

-Visualiza tu sueño completo, dibújate dentro de él mismo y no te detengas hasta alcanzarlo.

-No seas perfeccionista, sé excelente.

Bernardo Stamateas.

Gracias por leerme.

Protagoniza tu vida.

 

 

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Photos by Pepe Serrano V, Eduardo Amorim,

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No eres una tuerca ni un repuesto: eres una persona.

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No eres una tuerca ni un repuesto: Eres una persona. Sí, somos personas, con pensamientos, emociones, ilusiones, proyectos y retos ¿Y qué más? Desencantos, fracasos, desilusiones y palos que te da la vida, uno detrás de otro. No, no somos ni tuercas ni repuestos, ni no nos parecemos al entrañable WALL-E aunque algunos directivos o jefes carezcan de ceguera universal en la gestión de equipos desde esa perspectiva que da el título jerárquico que te otorga una empresa.

Esta falta de sensibilidad de algunas organizaciones donde las personas que desarrollan su labor profesional, acaban por no tener nombre y ocupan el espacio donde los números son lo único que importa, acaban pagando las consecuencias: falta de implicación, desmotivación y poca valoración de su trabajo. Esto es igual a pérdida de competitividad y nos lleva a unos resultados económicos inferiores a los presupuestados.

A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que no es nada fácil llevarte ni a la chica que te gusta, ni al chico que te gusta, ni el puesto de trabajo que te gusta, ni el premio que te gusta. Sin embargo, ocurre que envidiamos o criticamos a nuestros compañeros o jefes por el simple hecho de querer ocupar su puesto, por el motivo que sea: es más sencillo de realizar, tiene menos problemas, pagan más (pero conlleva más responsabilidad), etc. La mayoría de veces pensamos que nos merecemos más, que el mundo es injusto, pero igualmente nos seguimos esforzando lo mismo y nos conformamos. Es dífícil obtener buenos resultados si no te esfuerzas más de lo habitual, si no estás dispuesto a pagar el precio necesario para conseguir lo que te propones. A eso se le llama comodidad, que lleguen los resultados pero sin poner el tiempo y la dedicación que se espera de alguien que quiere lograr más, que quiere conseguir sus objetivos. Así es complicado. El resultado es que no avanzamos, no evolucionamos. Queremos más haciendo lo mismo. Tenemos que tener claro qué queremos ser.

Como personas que somos aceptamos esos palos, esas desilusiones y esos fracasos como una buena manera de mejorar y de avanzar por el camino que hemos elegido, el de ser proactivos o reactivos.

Podemos tener iniciativa, generar ideas, proponer cambios a la organización que aumenten la eficacia los procedimientos, procurar generar buen rollo entre los compañeros, interesarnos sinceramente por los demás, ser más sencillos y directos a la hora de comunicarnos para hacernos entender y que no haya especulaciones debidas a la falta de claridad en nuestras informaciones.

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También está la opción de dejarse llevar, de ir a cumplir con lo justito, del esfuerzo mínimo, de no destacar por si acabas un trabajo y te dan otro rápidamente. Ser del montón, del pelotón donde nadie destaca. Puedes arrastrar los pies, bostezar y criticar. Puedes crear mala sangre a los que te rodean. De ambientes tóxicos seguro que todos conocemos ejemplos. Puedes ser una de esas personas autómatas que no aportan valor a sus empresas porque consideran que les pagan poco (pero no hacen nada por cambiar esa situación). A eso le llamo yo “ser corto de miras”.

Igualmente, si eres proactivo o reactivo, habrá demasiadas personas en nuestra empresa que nos seguirán viendo como tuercas o repuestos para su objetivo final: conseguir unos resultados a costa de la pérdida de los valores esenciales de las personas.

“Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada a su sombra”. Antonio Gala.

“Las empresas están compuestas de personas, no de recursos”. Esta frase aplastante y obvia de Andrés Pérez Ortega en “Expertología” es el punto de inflexión para un gran debate, el de qué valor le damos a las personas en las empresas. Nos dirán con palabras que las personas son el pilar fundamental de cualquier organización pero los hechos nos demostrarán en muchos casos que no es así.

Puedes innovar y crear, mejorar y aportar o en su caso dejarte llevar por la corriente del riachuelo de la mediocridad, de no proponer, de no hacer.

“En demasiadas ocasiones acabamos siendo la persona que deberíamos ser en lugar de la persona que realmente somos. Pero no has nacido para ser una pieza más del sistema. Te han educado para que seas esa pieza”. Nos recuerda Andrés Pérez. Y continúa:

“Son las personas las que se comunican, las que se relacionan y las que transmiten la cultura y los valores de las compañías. Por eso, en lugar de reducir a los profesionales a un job description, deberían encontrar la forma de convertirlos en la mejor herramienta de credibilidad”.

“No sólo eres responsable de lo que haces, también eres responsable de lo que no haces”. Lao-Tsé.

“Los humanos ya no quieren ser recursos. Puede que algunos directivos con mentalidad “industrial” se opongan radicalmente a cualquier tipo de tendencia que fomente la aparición de profesionales con personalidad propia”. Estoy seguro de que esto es así. Pero también de que como comentaba antes, nos cuesta mucho cambiar ¿Para qué hacerlo si nos conformamos con lo que tenemos? Preferimos la “seguridad” que poco a poco deja de existir en las empresas para conservar nuestro empleo a ser proactivos. El problema viene cuando de un día para otro, lo que parecía seguro se desvanece.

Estoy de acuerdo en que conformarse es una opción válida, lo que no es de recibo es luego criticar nuestro rol dentro de la organización. Dejémonos de historias críticas y negativas y plantemos cara a nuestra labor profesional para hacer todo lo que esté en nuestras manos y así mejorar los resultados que beneficiarán a la empresa y en consecuencia al colaborador. Si pensamos que no tenemos suficiente formación (un eje de mejora en muchas organizaciones) pidámosla claramente y si no nos la dan, tenemos a nuestro alcance internet y la información que queramos si realmente queremos aprender. No hay excusas.

“Creo que los expertos en personas deberían actuar como desarrolladores de profesionales de referencia dentro de las empresas, porque son estos profesionales los que mejor van a representarlas”. Yo también lo creo. Este texto (igual que los otros extraídos del libro “Expertología”) proponen un cambio que ya debería estar haciéndose: dar la importancia y el valor que tienen las personas y profesionales. Es la única opción válida para seguir compitiendo por tu cuota de mercado. Ofrecer todas las herramientas necesarias para aprovechar sus capacidades y habilidades. Aunque (y sigo citando a Andrés Pérez) “Igual que ocurre con muchos productos, hay una tendencia a homogeneizar y a igualar a los profesionales. Parece que se fomenta la multiplicación de profesionales clónicos, idénticos, dóciles y fácilmente reemplazables”. Está claro, así es más fácil sustituir a los profesionales. Si hacen un trabajo automático donde no haya posibilidad de aportar valor diferencial, si las funciones que se realizan no son específicas, será muy sencillo reemplazar a ese profesional si no acaba aceptando las exigencias de la empresa. (Aquí doy margen para que cada cual imagine cuáles pueden ser esas exigencias).

No eres una tuerca ni un repuesto. Eres una persona. Con todo el valor que eso supone.

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Gracias por leerme. Un abrazo.

Fuente: “Expertología” Andrés Pérez Ortega.