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Cuando el despertador suena seis veces y no te levantas

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Cuando el despertador suena seis veces y no te levantas es porque no quieres enfrentarte a un nuevo día, porque sabes que te vas a levantar de la cama y no tendrás la ilusión que deberías, intuyes que no estás a gusto, que tienes un malestar que no sabes identificar, que no te sientes realizado y crees que tu vida no lleva el rumbo que te gustaría, que esa no es la vida que quieres tener.

Cuando el despertador suena seis veces y no te levantas es porque sabes que en un rato vas a ir a trabajar a una empresa que te tiene metiendo datos en un ordenador diez horas al día y que lo único que sabe de ti es tu nombre (y da gracias). Esas diez horas también te las puedes pasar pegado al teléfono escuchando a clientes cabreados, arreglando ropa en una tienda de moda o moviendo bultos de un lado a otro. Sabes que tienes un “chef” o una “chefa” que te trata como un número más, que no valora tus opiniones ni las tiene en cuenta porque piensa que “todas las buenas ideas tienen que salir de él/ella” ¿Y si le quitaras luego el puesto? Sí, lo sé esto no es ser un líder, pero ves a buscar uno…

Tu desarrollo profesional no les importa mucho (Esto no es una generalización, hay empresas donde se preocupan por su gente, sólo tienes que encontrarlas) No te encuentras a gusto ni te sientes valorado trabajando de “empleado numérico”, casi sin emociones y claro está, procura no mostrar tus sentimientos siendo vulnerable porque puedes ser señalad@. No puedes cometer errores, no puedes ser humano. Algunas empresas prefieren personas autómatas que hagan su trabajo de forma mecánica. No plantees cambios ni mejoras en los procedimientos porque será complicado que un ejército de elefantes acabe apreciando ese cuadro impresionante lleno de luz y colores que has pintado en forma de idea. Esas empresas pueden que no se den cuenta de que es más importante cometer errores de los que aprender que ocultarlos en un ambiente de ficción para que no salgan en ninguna estadística. 

Cuando el despertador suena seis veces y no te levantas para ir a tu trabajo suele ser porque la gestión de personas o mal llamada RRHH junto con los demás departamentos (en una empresa todos los departamentos son responsables del clima laboral) no mima a sus colaboradores como debería, no acaba de empatizar y captar las necesidades de sus empleados, no les da la formación adecuada y adaptada a los tiempos de digitalización en los que estamos. No potencia sus habilidades porque el procedimiento no está preparado para eso. No pregunta, no se interesa sinceramente por sus empleados salvo cuando se trata de productividad. Los valores de esa empresa están ausentes. Quizás tampoco se comunique la información por los canales adecuados y se haga unidireccionalmente con el sesgo propio del que la da cuando sería más efectivo para tod@s hacerlo de forma transversal y bidireccional, que la comunicación fluyera sin barreras y sin miedos.

Como metáfora de la comunicación imagina que en una organización un río es la comunicación que se emplea para informar a todos los empleados. El río desde que nace en las montañas hace un recorrido que llega hasta el mar. Siempre es el mismo, lleva muchos años haciéndolo y nunca se desvía. Pero de repente comienza a abrirse camino desde el río un afluente, y luego otro y otro. De estos afluentes nacen arroyos que a su vez también surcan nuevas tierras dotándolas de agua y vida. Su cometido de hacer llegar el agua a la máxima extensión de tierra crea un nuevo panorama donde antes sólo había tierra seca ahora hay vegetación, animales y mucha vida. Donde antes no llegaba el agua ahora hay vida. Donde antes no llegaba la información, ahora hay comunicación ¡Todos ganan!

Cuando el despertador suena seis veces y no te levantas te puede pasar como a Tony Hsieh, dueño de Zappos (Exitosa tienda de zapatos online) que tenía un trabajo envidiable y muy bien remunerado y un buen día tuvo que sonar hasta seis veces el despertador para que pudiera levantarse. El hombre se dio cuenta de que tenía que cambiar de trabajo y eso decidió hacer desde su mentalidad práctica: —si no tengo ganas de levantarme será porque no me ilusiona ir, así que ¿para qué voy a perder el tiempo?— Y es que nuestro cuerpo es muy sabio y te avisa…

Cuando el despertador suena seis veces y no te levantas, no te engañes, no te inventes excusas, es el momento de actuar, es el momento de cambiar, de empezar una nueva etapa en tu vida.

TÚ DECIDES.

Gracias.

La vida continúa. Protagonízala

Miguel Ángel García

@alienaragorn

wwwelblogdemiguelangelgarcia.com

Fuente consultada: ¿Y si realmente pudieras? Pilar Jericó

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Si quieres cambiar: Acción, Haz, Equivócate y Aprende

 

Si quieres cambiar: Acción, Haz, Equivócate y Aprende

Planificar y planificar hasta la extenuación con tal de evitar pasar a la acción. ¡Qué difícil es pasar a la acción! ¡Cuánto nos cuesta!

El título de este post: Acción: Haz, Equivócate y Aprende es uno de los capítulos de mi libro “La vida continúa. Protagonízala” .

¿Por qué hay que darle tanta importancia a la acción? Porque la diferencia entre las personas que consiguen lo que se proponen y las que no, estriba en la Acción: Haz, Equivócate y Aprende.

Pero ¿qué nos impide hacer cosas, inmoviliza y nos deja en la “inacción”? El miedo, la incertidumbre y la inseguridad son tres elementos fundamentales para seguir sobreviviendo y no viviendo, para ser zombies melancólicos y evitar dar bocados llenos de vida a la realidad actual.

Peter Gollwitzer, profesor de Psicología de la Universidad de Nueva York, investigador en del ámbito social, cognitivo y de la percepción nos dice lo que son las intenciones de implementación o desencadenantes de la acción para dar el paso de la planificación a la acción. Explica que el problema de gestionar nuestros objetivos está en transformarlos en acciones. Para ello debemos de utilizar frases concretas que especifiquen cómo llevar a cabo los objetivos. Hay que evitar a toda costa generar frases difusas y genéricas. Un ejemplo:

—Mañana voy a hacer deporte (Genérico)

—Mañana voy a correr 5 kilómetros por la montaña (Específico)

“La intención de implementación es una definición de lo que una persona hará para comenzar a cumplir su objetivo, en términos de tiempo, lugar y tarea”.

Gollwitzer sostiene que el valor de los desencadenantes de la acción reside en el hecho de que anticipan la decisión. Cuando se anticipa una decisión “pasamos el control de nuestro comportamiento al entorno y se protegen los objetivos de las distracciones tentadoras, los malos hábitos y los objetivos en conflicto”.

“Transformar nuestros planes en acciones es sin duda una clave importante del éxito en lo que emprendemos”.

La resignación es otra de las claves por las que no pasamos a la acción. «No me gusta mi trabajo, no me gusta mi vida, no hago deporte, me cuesta levantarme por la mañana… en realidad ¡No me gusta nada de lo que hago! ¡Qué caprichoso es el universo con nosotr@s, se ha confabulado para que no seamos felices!» Pero puede que lo que hay ahí fuera (otras oportunidades de trabajo, otra forma de hacer las cosas, una mayor responsabilidad de nuestros actos) no nos convence demasiado como para pasar a la acción y comenzar una nueva época de cambio para mejorar nuestra vida (y la de los demás)

Si quieres cambiar: Acción, Haz, Equivócate y Aprende

¿Por qué crees que nos cuesta tanto cambiar? Según Pilar Jericó en su último libro “¿Y si realmente pudieras?: “Tenemos una necesidad constante de buscar seguridad en nuestras decisiones. Nos agarramos como a un clavo ardiendo a trabajos, a parejas o lo que nos haga sentir seguros. Nuestro cerebro prefiere la seguridad a la felicidad”.

Y esa falta de acción y búsqueda de ¿seguridad? en el ámbito laboral también se desprende de la encuesta que cita como fuente Universia España sobre el Índice de Felicidad Organizacional (IFO) donde el 78% de los trabajadores españoles están descontentos con su trabajo. En cuanto a la conciliación laboral, un 41% están “muy en desacuerdo” con la afirmación de que en sus empresas se promueven políticas de conciliación laboral y el 18% están en “desacuerdo”. La pregunta sería ¿Por qué no cambiamos y pasamos a la acción? La respuesta la tenemos  en cada un@ de nosotr@s. Échale un vistazo a este post: El triunfador adicto al trabajo que te roba la vida.

Más allá de este baile de cifras hay un hecho incuestionable: Nos cuesta horrores cambiar y pasar a la acción por mucho que no nos haga feliz la vida que tenemos. Vuelvo a repetir la frase “Nuestro cerebro prefiere la seguridad a la felicidad”. ¿Cuál es la solución?

ENGAÑA A TU CEREBRO.

Ya lo decía Joe Dispenza en “Deja de ser tú”: “Nuestra rutina cotidiana y los pensamientos y sentimientos de siempre perpetúan el mismo estado de ser, el cual crea las mismas conductas y la misma realidad. Si queremos cambiar algún aspecto de nuestra realidad, tenemos que pensar, sentir y actuar de nuevas formas, tenemos que «ser» distintos en cuanto a cómo respondemos a las experiencias. Tenemos que «convertirnos» en otra persona y crear el nuevo estado mental necesario para observar un nuevo resultado con esta nueva mente”.

Otra de las razones para que no pasemos a la acción es que nos ponemos metas lejanas e inalcanzables. Si no tenemos la sensación de que podemos lograr nuestros objetivos y éstos están distantes en el tiempo, menos factible será su consecución. Si no vemos el efecto inmediato, nos rendimos fácilmente.

“Dejamos de hacer las metas porque vemos el futuro de manera abstracta y el presente de manera concreta”. Mago More

¿Qué secreto tenía Mark Twain para pasar a la acción? “El secreto de conseguir que se tire adelante está en conseguir que se arranque. El secreto de conseguir que se arranque está en descomponer las complejas tareas que te abruman en otras pequeñas y manejables, y arrancar entonces con la primera”

 Gracias.

La vida continúa. Protagonízala

Miguel Ángel García

@alienaragorn

Fuentes: Universia España.

¿Y si realmente pudieras? La fuerza de tu determinación. Pilar Jericó.

Cambia el Chip. Chip y Dan Heath.

Deja de ser tú. Joe Dispenza.

Superpoderes del éxito para gente normal. Mago More.

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Empatía: ponte en los zapatos de los demás.

 

El otro día estaba cenando con un amigo con el que mantengo habitualmente conversaciones de calidad. Cuando terminamos de cenar, decidimos buscar otro sitio para tomar un café. Entramos en un conocido lugar que estaba vacío. Era tarde y nos daba igual, buscábamos un ambiente tranquilo donde poder seguir charlando. Le pregunté a la persona que trabajaba allí que si estaba abierto y me contestó que sí, que cerraban en media hora. Miré la cafetera y le comenté que si podía hacernos dos cafés, me contestó que es que acaba de limpiar la cafetera…así que nos fuimos a tomar café a otro lugar, porque nos dio la sensación de que molestábamos y porque la respuesta de la persona que nos atendió entendimos que no era la correcta. Perdió dos clientes. Sí, sólo eran dos cafés, pero nunca sabes si tu manera de atender a las personas puede generar una fidelización o una mala publicidad.

Si empatizo con la otra persona que estaba detrás del mostrador, podré entender que estaba al final de su jornada, que puede que tuviera un día duro, uno especialmente duro (deberíamos de ponernos en el lugar de sus zapatos) y que no tenía ningunas ganas ya de aguantar a un cliente más. También podría suponer que su trabajo no está bien remunerado o que tiene el síndrome del trabajador quemado por hacer larguísimas jornadas de trabajo donde el refuerzo positivo se encuentra ausente y de vacaciones. Que las personas en ocasiones no somos lo educamos que creemos y que hay días en los que el sol casi no aparece por nuestra ventana particular.

“El mercado laboral es frágil como una telaraña y quebradizo como la porcelana”. Cita de “Ceguera Moral”.

“La empatía es el acto imaginativo de entrar en la piel de otra persona y ver el mundo desde su perspectiva”.

Marisa Salanova, una amiga de Facebook compartió una gran charla sobre la empatía del filósofo Roman Krznaric. Me pareció extraordinaria porque ponía de manifiesto un hecho que siempre me había planteado: que las personas tendemos más a ser egoístas que a empatizar. Que somos muy nuestros. Que nos cuesta interesarnos de forma sincera por las personas que no se encuentran en nuestro entorno próximo y que de alguna manera, (y aquí puede que tengamos un problema) ya no queramos hacerlo porque estamos saturados con nuestra vida diaria.

En la charla TEDx encontré algunas ideas y hechos que me parecieron fascinantes. Aunque también es cierto que esto quizás sea «un sesgo de confirmación»: “cuando la gente tiene la posibilidad de recopilar información del mundo, es más probable que seleccione información que apoye sus actitudes, creencias y acciones preexistentes”. “Decídete”. Chip y Dan Heath

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“Necesitamos convertirnos en seres más empáticos y liderar la revolución empática como individuos y como adultos”.

Una de esas ideas fue la del movimiento ciudadano llamado la biblioteca humana, nacido en Copenhagge en 1993: En lugar de coger un libro, tomas prestado una persona para conversar. Personas diferentes a ti para retar los estereotipos. En muchos casos incluso en riesgo de exclusión social. Salir de tu círculo para activar tu curiosidad, para ponerte en los zapatos de los demás y así no juzgar con rapidez a las personas por ser diferentes (esto nos ocurre a todos).

“Uno de mis objetivos es escuchar. En muchas ocasiones, tu impacto puede ser mayor si sabes qué preguntar, y no qué decir. Mientras hablo no aprendo nada. Pero cuando escucho aprendo muchísimo.”. Jim Quigley. “Dar y Recibir” de Adam Grant.

La otra idea que me gustó fue la de cultivar la extropección, palabra rara donde las haya que significa para que nos entendamos mejor, observar el mundo exterior. Según Roman Krznaric “Necesitamos crear aventuras experimentales para expandir nuestros círculos de preocupación moral”. Y aquí es donde creo imprescindible incluir el término de Zygmunt Bauman, la“adiaforización”: la indiferencia moral ante determinados actos. Como individuos y como sociedad tenemos mucho que aprender en cuanto a la solidaridad y la empatía. Tendríamos que usar los zapatos de otras personas. Un ejemplo: Los refugiados de guerra. Otro ejemplo: Las personas que se juegan la vida para llegar a Europa. ¿Estamos adiaforizados?

“Las redes sociales han sido diseñadas para el intercambio eficiente de información, no de intimidad y empatía”. Tenemos muchas conexiones pero pocas son de calidad.

Un empleado está en un puesto de trabajo donde cada día ve entrar y salir a muchas personas. Este es un caso real de conversación y de falta de empatía:

—Buenos días, ¿Cómo estás? ¿Biennn verdad? Te pregunto por cortesía pero tengo prisa, no tengo tiempo y no me interesa en absoluto tu respuesta así que te la limito a que respondas con brevedad. Una pregunta retórica sin ninguna intención de empatizar con la otra persona y reduciendo sus posibles respuestas a:

—Si.

Jason Fried

 ¿Sómos empáticos? ¿Nos ponemos en los zapatos de los demás? o ¿Somos egoístas y  vamos a lo nuestro?

Estaré encantado de leer tus opiniones en los comentarios. ¡Anímate!

Gracias.

La vida continúa. Protagonízala

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