El cuento del aprendiz de lijador


Estamos en la época moderna, donde en algún resquicio de lo que quedó de la burbuja inmobiliaria, un lijador es contratado para lijar las paredes de una casa. Además de un buen lijador, este profesional era un extraordinario pintor.
Este buen hombre, hizo un esfuerzo notable y contrató a un aprendiz de lijador, pues las paredes tenían un acabado de un gotelé grande y pensaba que la base de un buen trabajo en la pared comenzaba por lijar extraordinariamente bien cada centímetro de la casa.
Al empezar su trabajo al amanecer, le dijo al aprendiz que comenzara a lijar una pared del dormitorio principal. El aprendiz se puso la mascarilla, cogió su lijadora, le puso la lija adecuada para eliminar el gotelé grueso y empezó a lijar.
En el comedor el maestro lijador también inició su faena.
Al cabo de unas pocas horas el aprendiz le dijo a su maestro que ya había terminado. El maestro se acercó a la habitación y le dijo:
-¿Has pasado la mano por la pared para comprobar cómo queda?
-No maestro- contestó el aprendiz
-Hazlo y si crees que tu trabajo está bien hecho, limpia la pared y continúa con la pasta niveladora.
El aprendiz pasó la mano por la pared y consideró oportuno continuar.
Pasaron unas horas y el aprendiz volvió a requerir la presencia de su maestro.
-¿Has pasado la mano por la pared para ver si ha quedado nivelada?
-Si lo hice, puedo continuar- dijo el aprendiz
-Está bien, coge la lija fina y ponte a lijar la pared- le indicó el maestro lijador.
Mientras el aprendiz seguía con su trabajo, él no había terminado de lijar el gotelé todavía.
El aprendiz volvió a interrumpir a su maestro para decirle que había terminado de lijar. Éste le propuso que pintara la pared con una imprimación para sellarla y que cuando estuviera seca, cogiera la pintura y pintara el dormitorio.

Y así pasó todo el día. Ya casi oscureciendo, el aprendiz se acercó al comedor para comprobar el trabajo del maestro y cuando vio lo que estaba haciendo, se sorprendió.
El maestro todavía estaba en la fase de la lija fina. Mientras el aprendiz había hecho las fases de lijado de gotelé, añadir pasta de relleno, lijar el acabado con una lija fina, añadir la imprimación y pintar la pared, su maestro estaba todavía en la fase de lijar suavemente la pared con una lija fina. Observó que hacía los movimientos con la lijadora de manera cuidadosa y con mucho mimo, como si estuviera poniéndole jabón a un bebé en la bañera. Era una delicada maniobra en la que parecía susurrarle a la pared. Sus manos creaban una coreografía con la lijadora en la que la pared parecía participar.

El aprendiz pensó si se había esforzado al máximo ese día y en la calidad del trabajo realizado…

Autor: Miguel Angel García

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