Cómo afrontar una crisis define nuestro carácter

¿Crisis? ¡Qué crisis!, ¿económica o de valores?. En ocasiones vivimos nuestro día a día de manera rutinaria y en otros momentos disfrutamos de la jornada como si fuera la última. Pasan los días, los meses, los años…
Se nos escapa el tiempo entre los dedos como cuando coges un puñado de arena y la dejas caer y miras como cada grano de arena se desliza de la mano al suelo.
Y llega ese instante en el que la vida te da un cambio total, te abre un boquete en la línea de flotación de tu barco y tienes que dar un volantazo a tu coche en el que por necesidad realizas un cambio de sentido de la circulación.

foto:alienaragorn

Cuando ocurre un acontecimiento así, un hecho importante y suficientemente grave como para desubicarte y desorientarte, para sacarte de tus casillas y amenazar el control que tú generabas en tu vida, cuando no te queda otra que cambiar el rumbo por obligación aunque no te guste y sabes o percibes que tienes que adaptarte al cambio porque si no lo llevas crudo, es cuando tenemos que tener la habilidad y la capacidad de reaccionar.

La forma de responder a esa crisis inesperada va a definir nuestro carácter.
Podemos echar balones fuera si eso hace que nos encontremos mejor, pero no sé qué pasa, que cuando esos balones son problemas al final acaban rebotando y golpeando a tu puerta una y otra vez. Por mucho que les pegues un patadón, acabarán apareciendo en la puerta. Parece que se conozcan el camino de vuelta.

Debemos de generar una fortaleza interior para afrontar “nuestra” nueva situación, “nuestra” crisis y “nuestro” problema. Nadie nos lo va a solucionar. Sí, encontraremos apoyo en familiares y amigos, incluso en conocidos o personas que te sorprenderán, que nunca hubieras ni sospechado que te ayudarían, son las cosas buenas de pasar un mal momento.
Pero de nosotros depende la capacidad de generar la motivación y el orgullo necesario para superar una coyuntura negativa que en ningún momento imaginábamos ni esperábamos tener que solucionar. 
A medida que mejoramos nuestras fortalezas internas, acometemos la adversidad de una forma más optimista, responsable y eficiente.

Ahora sólo nos falta saber qué actitud tomar frente a las dificultades:
1- Optimista, seguridad en ti mism@, mejora de autoestima y confianza
2- Derrotista, víctima, sentimiento de culpa y fracaso.

La primera opción nos lleva a la superación, al crecimiento de nuestra personalidad y al éxito, entendiéndolo como la forma de progresar ante un gran problema.

La segunda nos proporciona malestar, desconfianza e incluso ansiedad y puede que depresión. ¿Cuál vamos a elegir?

Como apunta Borja Vilaseca en su magnífico artículo “la muerte del currículum vitae”, (os dejo el enlace) “La muerte del currículum vitae”  –Cuanto más nos conocemos, más nos valoramos por ser quienes somos. Y cuanto más nos valoramos más sabemos para qué servimos y cómo podemos ser útiles para la sociedad-.






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