¿Clientes impacientes?

Todos llevamos un cliente dentro de nosotros. Compramos el pan a diario, ponemos gasolina al coche, vamos a la tienda de barrio a por esto o a por aquello, visitamos las grandes superficies buscando las ofertas del folleto,compramos un vestido,una camisa o una raqueta, encargamos una tarta, una pizza o unas puertas.Por un motivo u otro casi siempre vamos con prisas a todos los sitios, al trabajo, al cine, a la peluquería, a recoger a los niños al colegio…así que cuando vamos a comprar cualquier cosa…también tiene que ser un momento rápido y fugaz…bueno, llegamos con una predisposición tranquila, pero poco a poco nos vamos poniendo nerviosos (hay mucha gente,en algunos comercios prácticamente no tienen gente que atienda y en otros hay vendedores…) Me imagino la situación, el vendedor explica las características del producto al cliente, el otro futuro comprador espera, mira al profesional cómo explica el color del armario, lo que mide de ancho,lo que mide de alto y lo que tiene de fondo. El cliente interesado está indeciso, abre la puerta del susodicho armario, toca la melamina de 22 mm, mira el cajón,el otro y hasta el tercero. La cara de la persona que está esperando es todo un poema. Tiene prisa, mucha prisa. Se mete las manos en los bolsillos, sopla y resopla, levanta la mirada buscando a otro vendedor…no lo encuentra. Da unos pasos a un lado, tira para atrás unos metros, siempre guardando una distancia corta (como si estuviera en una cola aunque solo está esperando él) no vaya a ser que la señora que se acerca se cuele. En ese momento se acuerda del instante que pensó en ir a la tienda. En qué mala hora. Sabe perfectamente el nombre del local y por supuesto sus sensaciones son totalmente negativas. No sabe que hacer, si irse a otro sitio enfadado o quedarse igualmente cabreado por la atención recibida. Ya lleva esperando cinco minutos… 
Conforme termina la nota el vendedor (de hecho está tan cerca de otro cliente que ve sus datos personales, nombre, dirección…) ipso facto respira hondo, como un toro cuando va a embestir…evidentemente ya no va a comprar nada, pero quiere que le atiendan. Tres horas después, este mismo cliente está en la cola de un hipermercado, tranquilo y sereno. Solo tiene por delante 8 carros llenos hasta la bandera…pero en este caso,  le importa menos esperar.

El blog de Miguel Ángel García

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