Aprende a caer y ten capacidad de reacción

La capacidad de reacción de las personas viene definida en parte por su forma de encajar las caídas y las situaciones complicadas. Nos gusta nuestra vida o no pero lo que está claro es que estamos en cierta medida cómodos con nuestra zona de confort. Que nos saquen de ella nos puede desubicar, descontrolar y hacer perder la seguridad que nos provocaba.
Aunque sabemos que al igual que las olas que se generan desde el nivel del mar y van creciendo hasta alcanzar muchos metros de altura para luego caer y quedarse al mismo nivel que estaban, nuestra capacidad de reacción nos enseña la vida nos depara estos vaivenes donde igual llevas un tiempo con una calma relativa y de repente y gracias a tu esfuerzo diario te ves en lo alto de la cresta de la ola, ya sea a nivel profesional porque estás consiguiendo lo que te habías planteado con mucho tesón y sacrificio, o bien en el plano personal en el que acabas teniendo eso que llaman éxito en tus relaciones. Pero como la vida real tiene muchos componentes en los que entran muchos factores, (a diferencia del cine donde los finales del 99% de las películas tienen final positivo o feliz porque genera una mejor percepción entre los asistentes y luego hablan mucho más y mejor de esa película, lo que hace que la taquilla funcione y se recauden más ingresos) en nuestra marcha diaria en un instante puedes pasar del éxito al fracaso y del fracaso al éxito, o lo que es lo mismo, de deslizarte surfeando hasta la cresta de la ola y tras un golpe de viento caerte desde diez metros de altura y en esa caída casi medio ahogarte.

Como le dice Harry L. Quebert a su discípulo y estudiante Marcus Goldman cuando hablan de boxeo – ¡No sabe usted caer! Tiene miedo al batacazo ¿Cómo se puede vivir sin saber caer?-  en el libro “La verdad sobre el caso Harry Quebert” el cual recomiendo por si no lo has leído o te lo quieres apuntar en tu lista.

Y de eso se trata, de saber caer, de estar en plena forma física y mental para soportar lo que pensábamos que no nos podía pasar a nosotros. De enfrentarnos sin miedo, con tenacidad, con seguridad y confianza al reto que tenemos por delante, aún sabiendo que va a ser difícil. De agarrar de la solapa a ese destino que por uno u otro motivo también nos ha metido a nosotros en su carretera y en el que vamos a tener que aprender a conducir con maestría si queremos evitar todos los obstáculos que nos encontraremos en ella.

Hay opciones, siempre las hay para encontrar un equilibrio que se hace necesario en medio de la tormenta. Para sobrevivir primero y después para vivir. Llevar un paraguas nos ayudará a mojarnos menos, pero en cuanto el viento sople con fuerza porque al dios Eolo le dé ese capricho, nuestra pequeña protección se quedará en la estructura de alambre sin que nos sirva de nada. Busquemos una forma de construir un refugio sólido, dejemos de lado la paja y los palitos de madera, aprendamos del cuento de los tres cerditos y el lobo, apartemos lo fácil y rápido de construir y hagamos ese refugio con piedra, colocando una encima de otra, de lo más consistente, fuerte y a prueba de temporales, para sentirnos cómodos, protegidos y en cierta manera…a salvo.

En el debate que generé con cierto éxito de LinkedIn “Las 9 “ventajas” de un desempleado” y en el que ha habido mucha participación de recomendaciones y comentarios que lo ha enriquecido notablemente, han habido reflexiones de todo tipo, pero aunque sería injusto quedarme con alguna en concreto, sí que me parece oportuno comentar las siguientes que pueden aportar valor:
Según Olga (Gracias por tu comentario) “En mi vida siempre he tenido etapas mejores y peores y mirando hacia atrás veo que las peores también tuvieron su final, así que no encuentro ningún motivo para pensar que ahora vaya a ser diferente”.

O éste de Mónica (Gracias también por tu reflexión) “Estar luchando constantemente se hace muy duro, hoy arriba, mañana abajo, y así días y días. Es agotarse con uno mismo, te exiges constantemente y al final eres tú, sólo tú, el que debe decidir qué y cómo llevar las cosas”.

Depende de nosotros reaccionar de forma positiva ante las dificultades e imprevistos que nos sacan del campo de juego habitual y nos deja en un principio en el banquillo de los suplentes.Pero esto lo podemos cambiar y pasar de nuevo a la titularidad.
Sólo hay una opción, mirar al día de frente, hacer aquello que te haga sentir bien,  tener inquietudes, formarte, leer, plantearte unos objetivos y lanzarte a por ellos. Es la única manera de sobrevivir al mar, a la carretera y a la tormenta.

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