Acomodados en la queja.

Acomodados en la queja







“La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros del grupo social cambian sus pensamientos, comportamientos y actitudes para encajar con la opinión de la mayoría”. Solomon Asch. Psicólogo estadounidense.

Tengo que reconocerlo, es cómodo quejarse de todo lo que nos pasa porque así evitamos esforzarnos para hacer realidad nuestros sueños. Es cómodo culpar a otra persona de un fracaso sentimental porque así no asumimos nuestra parte de culpa (nosotr@s no, claro, es él o ella que ha actuado de esa manera) Reconocer que a lo mejor no hemos prestado suficiente atención a sus gestos, a su conducta en los últimos días o semanas y que no hemos practicado una escucha activa para empatizar con esa persona que tanto nos importa siempre es un paso complicado de dar.

También es cómodo quejarse de que las cosas no nos van bien en el trabajo porque:
-Nuestro jefe/a es autoritario y sólo piensa en las 12 horas que tienes que deambular por tu empresa sin importarle si eres productiv@ o no. Sin recibir ningún refuerzo positivo y arrastrándonos a nuestro pesar cada día que pasa a verle la cara sin ser capaces de apuntar que podemos aportar muchas ideas a su particular forma de gestionar su cometido y a su equipo.

Porque crees que tú podrías ser mucho mejor en su puesto, total sólo está sentado en su oficina (eso lo puedo hacer yo) con esa limitación de miras que tenemos y sin comprender las funciones que puede estar desarrollando. Pero nosotros preferimos quejarnos en lugar de cambiar y hacer lo necesario para mejorar nuestra situación.

-El ambiente es por decirlo de una manera suave “algo tóxico” sin embargo en lugar de proponer acciones concretas para mejorarlo continúas con tu actitud conformista (una idea que suele funcionar sería hacer una paella o aquella comida que se te dé mejor e invitar a tus compañeros incluido tu jefe/a para sacarlos de su zona habitual y sus roles profesionales y conocerlos un poco más en su faceta más personal) te sorprendería saber la cantidad de cosas que puedes aprender de las personas cuando están en un ambiente relajado y distendido.


Acomodados en la queja supone la inacción. Es cómodo quejarse de que por culpa de Henry Ford el trabajo en cadena en una factoría es automatizado y repetitivo ¡Si no te gusta tu trabajo cámbialo! Dale la vuelta a la tortilla y no esperes que tu rendimiento llegue a límites donde estés tan quemado como Antorcha (Los 4 Fantásticos) y acaben despidiéndote por ser improductivo. Porque no te gusta lo que haces y aunque el dicho de que haz lo que sea para pagar las facturas mientras consigues trabajar en lo que te gusta es necesario, también es cierto que con el tiempo podemos dejar de focalizar en aquello que queremos por aquello que necesitamos.

“El conformismo ha condicionado hasta tal punto nuestra mentalidad, que lo normal en nuestra sociedad es estar acomodado en la queja, siempre señalando con nuestro dedo acusador a alguien o algo ajeno a nosotros”.Borja Vilaseca.


Aunque el post basado en ese cuento nos indica que al final no sabes lo que puede perjudicarte o beneficiarte, lo que sí tenemos claro es que “Acomodarse en la queja” no es una buena estrategia en tu vida y aunque no soy nadie para decírtelo, no te llevará a ningún sitio donde te guste estar.

Siempre hay en nuestro entornos personas entusiastas y personas menos entusiastas. Personas que hacen y emprenden aunque fallen y “fracasen” pero que la experiencia les beneficia y les proporciona aprendizaje para volver a intentarlo.

Y personas que echan la culpa de sus males al conjunto de estrellas, a la época del Jurásico o a las nubes que cubren el sol. Personas que no proponen, que no inician, que no hacen, que critican, que empozoñan el ambiente en el que se encuentran. Y a esas personas, parte de la sociedad procura apartarlas, la gente, las otras personas las suelen alejar de su lado porque lo que provocan con esa actitud lleva con el tiempo a la soledad que no buscamos.

Finalizo este post con una cita de George Carlin:

“Ve a la escuela. Estudia. Consigue un empleo. Trabja. Paga impuestos. Cásate. Ten hijos. Hipotécate. Mira la tele. Sigue la moda. Pide préstamos. Actúa con normalidad. Compra muchas cosas. Camina por la acera. Escoge entre este producto o este otro. Ahorra para cuando seas viejo. Obedece la ley. Y sobre todo, no cuestiones jamás lo que te han dicho que tienes que hacer. Y ahora, repite después de mí: ¡Soy libre!

Fuente: ¿Y si no tuviéramos miedo? de Borja Vilaseca

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