3 errores en una crisis: talento, gasto y no asumir riesgos

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“Una crisis es algo que no se debe desperdiciar”. Sabio.

Según Philip Kotler, hay 10 principales errores de innovación que cometen las empresas en época de crisis, pero te voy a hablar de tres: Despedir talento, reducir el gasto en tecnología (y en personal, esto es cosecha mía) y reducir el riesgo.

-Primer error: Despedir talento.

En el momento en el que estamos, donde el mercado laboral ha evolucionado a velocidad de vértigo, a un empleado (desde la directora general hasta un vendedor) no le servirá realizar sus funciones de cualquier manera para salir del paso, incluso alcanzando los objetivos. Ser presencialista y estar 12 horas currando no le va a garantizar su empleo. Habrá que tener en cuenta la productividad, no las horas dedicadas a sus funciones. Esas personas cuando llegan las cuatro de la tarde, han perdido la capacidad de concentrarse por no decir que probablemente pulularán entre pensamientos e interrupciones que harán su labor poco productiva.

Nos comenta Daniel Goleman en su libro “Focus” que la mente de un lector suele divagar entre el 20 y el 40% del tiempo que dedica a la lectura. ¿Cuánto tiempo se distrae una persona que lleva 7 horas trabajando y le quedan otras 5 más para acabar su jornada? ¿En qué porcentaje de su tiempo es improductivo?

Volviendo al tema del talento en el trabajo, el profesional tendrá que implicarse al cien por cien en su trabajo e identificarse con los valores de la empresa. Deberá aportar un valor añadido que le diferencie para que cuando lleguen las vacas flacas (llegaron hace mucho para quedarse) no sea el elegido. De hecho no le garantizará el puesto, pero no hay otra elección, o lo das todo o el próximo puedes ser tu. Tendrá que demostrar su talento y su capacidad día a día, ese talento que aunque no sea innato, se puede conseguir a base de actitud y compromiso.

Un ejemplo de talento podría ser Andrew Carnegie, el industrial, empresario del acero y filántropo que descubrió el efecto positivo de nombrar a sus instalaciones y compañías con el nombre de las personas que decidían sobre sus contratos a finales del siglo XIX y principios del XX. ¡Consiguió los más importantes! Supo saber relacionarse y dar importancia a los demás. Según la revista Forbes, Carnegie sería la segunda persona más rica de todos los tiempos.

No obstante en los últimos años si ha habido un hilo conductor en muchas empresas ha sido la de despedir talento y experiencia y contratar futuros talentos mucho más baratos.

Aunque también ha ocurrido que personas de gran talento (éstas son menos, porque hace falta mucha decisión y seguridad para abandonar tu zona de ¿confort?) han acabado marchándose a otra empresa donde conseguir una realización profesional y un mejor desarrollo personal. Y por qué no decirlo, donde el ambiente fuera menos tóxico y no se pareciera en nada al proceso de selección con el método Grönholm.

-Segundo error: Reducir el gasto en tecnología.

Como me dijo una vez un director general: “O te aclimatas o te aclimueres”. No supe leer entre líneas, jeje. Pues eso mismo pasa con las organizaciones (algunas muy conocidas) que a nivel tecnológico continúan con programas informáticos de la era del espectrum, donde para hacer un simple pedido tienes que utilizar cuatro pantallas y 25 minutos y que no se te bloquee porque si no te toca volver a empezar mientras el cliente espera impaciente.

Está claro que hacer una inversión en mejorar los procedimientos organizativos e informáticos puede suponer una suma elevada de dinero independientemente del tamaño de la empresa, pero si no lo haces tarde o temprano la productividad se verá seriamente afectada así como las ventas. La innovación debería ser constante en una empresa.

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“Complicar las cosas es lo más fácil que hay. La simplicidad es el verdadero desafío”. Robert James Waller.

La otra reducción ha sido en personal. Se ha reducido drásticamente la plantilla de la mayoría de las empresas para reducir costes. Pensamiento cortoplacista y de supervivencia. No está mal, pero luego se necesita un plan que impulse la marca y sus valores. Un plan que innove con los productos y con los servicios. Un plan donde el personal dé una atención de calidad al cliente y esté motivado, si no el negocio se puede ir al garete y los clientes pueden optar por la competencia. Porque una empresa además de luchar por sobrevivir, tiene que luchar por sobresalir.

También puede que sea más difícil hacer un trabajo cuando una persona tiene que asumir las tareas que antes realizaban dos compañeros. Excesiva carga de trabajo. No sé si exagero, pero algo he oído ¿Esto pasará en alguna empresa? Por no hablar de la implicación que genera este hecho en un trabajador y el sentimiento de estar quemado, de no llegar, de no poder acabar todo su trabajo (no voy a decir “burnout”).

Menos mal que hoy en día hay posibilidad de convertirse en una Organización Saludable y Positiva para buscar mejorar las condiciones de trabajo de las personas, valorar su salud tanto física, como emocional y mental. Aunque me da la impresión de que la mayoría de empresas todavía no han enchufado a sus circuitos la tensión de ser saludable y positiva, por lo que es de elogiar más si cabe a aquellas que sí que buscan mejorar sus procedimientos, organización y la salud de todos sus trabajadores.

-Tercer error: Reducir el riesgo.

La vida misma es un riesgo permanente. Nunca estás seguro de nada. Te puede cambiar en un instante por mucho que creas que a ti no te va a pasar. Por muy seguro que estés. El cambio puede ser tanto positivo como negativo.

En las empresas ocurre algo parecido. Las organizaciones que no asumen riesgos que les permitan evolucionar a base de equivocarse, asumirlo y aprender puede que sobrevivan, pero rara vez lo harán de forma que les posicione con un valor diferencial y de excelencia sobre la competencia.

Crear, innovar y proponer tiene su riesgo y su coste. ¡No queda otra! Algunas empresas llevan la filosofía del riesgo en su ADN y evolucionan. Otras no, desaparecen poco a poco para sus clientes porque dejan de ser competitivas y atractivas. Porque aunque no se den cuenta, sus empleados no creen en su filosofía, no están implicados y no apuestan por destacar, apuestan por conservar y al no arriesgar, poco a poco se van diluyendo del panorama empresarial como azucarillos en el café.

“¿Cómo podemos pues, contribuir a que una organización que no tiene en cuenta lo mejor del ser humano se convierta en un entorno laboral estimulante y vivo?”. “Coaching de equipos”.

¡Hoy es tu día!

 

El blog de Miguel Ángel García

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